Análisis isotópico del texto “Atavismo adánico” del poeta nicaragüense Víctor Ruiz

Por Msc. José de la Cruz Ñamendy

Para el análisis del poema Atavismo adánico nos auxiliaremos del método de las isotopías brindado por François Rastier, quien llama isotopía a toda iteración de una unidad lingüística, y dentro de estas nos explica la existencia de las isotopías semánticas, es decir aquellas redundancias de unidades formales de contenido. Igualmente nos remitiremos a la teoría de la connotación, de la que Pozuelo Yvankos retomando a los principales teóricos (Ch. Bally y L. Hjelmslev) nos dice que la lengua no es un sistema de signos referenciales, sino que los hablantes también pueden usar connotaciones, esto es cuando la relación entre significante y referente está suspendida, entonces el signo refleja información extra, actitudes y registros del hablante. La connotación es a la vez uno de los principales rasgos de la poesía, puesto que los signos de un poema remiten al lector más allá de la simple asociación de significado y significante.

Finalmente nos encausaremos en descubrir las pistas que el autor nos ha dejado para develar la tradición en la que el poema se inscribe. En otras palabras, culminaremos con el nivel ideológico, en tanto el texto encierra una cosmovisión estética. Veamos el poema.

Atavismo adánico
Se escribe siempre al filo de la Nada.
Edmond Jabès.

Nombraremos, entonces, el abismo,

su silencio inaudito ante pasmosa

inexorable nada. Al filo de la noche

el reflejo trazaremos de las cosas,

por la palabra, apenas aludidas. 5

Será como parir el lenguaje

de Adán, frente al mudo

sin mácula cuerpo de Eva:

objeto omitido del signo,

libre de significados insignificantes; 10

sólo un referente de carne sin nombre,

y él, sin más palabras que el asombro

ante tanta materia afónica.

Desde el vértigo del verbo:

el NO de la escritura, gélido mutismo vertical, 15

impónese en la página

aferrada a lo incierto.

Quedará sobre lo blanco

la huella del azar de nuestra mano,

el párpado extenuado en la vigilia 20

y nosotros al acecho del vacío.  

El Crucero/03/Dic./2006

El poema está surcado de cadenas isotópicas que empiezan desde el título, existe una equivalencia entre atavismo y adánico, ya que el primero nos remite a los abuelos y el adjetivo adánico alude al primer hombre de la tradición judeocristiana, Adán, puesto de manera explícita en el verso 7. Desde el verso 1 encontramos Nombraremos y abismos, luego silencio inaudito, nada, cosas, palabras, parir, Eva, nombre, verbo y vacío. Después de enumerar estos vocablos llegamos a la isotopía del principio. A continuación aclararemos por qué.

Ya hemos aludido a la tradición judeocristiana, cuyo mito de la creación del mundo está narrado en el Génesis, donde Dios crea el mundo a partir de la palabra proferida. En el poema ese Dios se nos presenta ante la nada y el abismo, es decir ante la ausencia total, que luego gracias al poder del verbo todo cobrará vida por medio del hágase. De ahí que el poema abra con la forma verbal Nombraremos, puesto que el acto de nombrar lleva en sí el acto de crear.

Luego encontramos la isotopía de lo nocturno actualizada en las palabras noche, párpado, metonimia de ojo,y, por oposición, vigilia.

Si integramos estas dos isotopías obtenemos que el acto de crear se lleva a cabo en la noche, vemos los versos 3 y 4: …Al filo de la noche/ el reflejo trazaremos de las cosas.

Una tercera isotopía la encontramos en los vocablos reflejos, apenas aludidas, incierto y azar. Es la isotopía de lo indeterminado, con ello nos damos cuenta de que el acto creador no es una actividad racional y calculadora, sino involuntaria, un aflorar de la interioridad.

Después hallamos la isotopía de lo material, veamos las palabras donde se encuentra: cosas, cuerpo, objeto, referente, carne, materia. Ello da cuenta del universo de la creación, donde cada ser tienen su lugar.

Hay una quinta isotopía actualizada en los vocablos palabras, lenguaje, signos, significados insignificantes, afónica, mutismo y verbo (la forma verbal Nombraremos no participa de esta isotopía, más bien se opone a ella, puesto que en este texto el acto de nombrar equivale al acto de crear y no al solo acto de decir). Esta es la isotopía de lo verbal, que alude de manera directa al ámbito de la lengua de todos los días. Esta isotopía solo cobrará su real sentido vista desde un análisis simbólico como veremos poco después.

La sexta isotopía es la de lo gráfico actualizada en las palabras trazaremos, escritura, página, lo blanco, huella y mano. Con esta última isotopía nos damos cuenta de que el acto creador es el acto poético, realizado mediante la escritura.

Es poema entonces equipara el acto de nombrar con el acto poético. Apoyados en la tradición judeocristiana, donde la palabra tiene un poder creador, del mismo modo el poeta gracias al don de la palabra crea mediante la escritura.

Ahora que hemos develado el tema y argumento del poema desde el análisis de las isotopías y las connotaciones, es el momento de ver qué tipo de cosmovisión está presente en el poema y cuál es la propuesta estética del autor.

Ya hemos dicho que en el texto que estamos estudiando se concibe el acto poético como un momento de creación por el poder de la Palabra, por una parte siguiendo la tradición bíblica, que el análisis isotópico nos ha revelado, y por otra gracias a la concepción ideológica del texto. Pues recordemos que los románticos concebían al hombre como un universo en sí mismo, como la totalidad y a la vez reflejo del universo, por lo tanto dotado del poder creador. Además debemos tener en cuenta que el poeta, como el Dios hebreo, basa este poder en la Palabra, de ahí la preeminencia del Yo y la subjetividad como acceso al mundo interior y auténtico de los sentimientos. Nombrar es entonces crear y la imaginación junto a toda la sensibilidad subjetiva el medio para lograr el acto omnipotente de las palabras.

Asimismo, el acto poético es un regreso a los orígenes humanos, es decir ahí donde la lengua se ha tornado áspera y desconocida, donde la lengua se agota es donde el poeta comienza a crear los objetos a partir de una resignificación de los signos, entregándonos y devolviéndonos la lengua con una nueva fuerza gracias al poder sugerente de las palabras en el poema. De este modo la creación poética es una experiencia primigenia, como un Adán, frente al mudo/ cuerpo sin mácula de Eva.

De la isotopía verbal, podemos encontrar la actitud del poeta hacia el lenguaje, en los versos 9, 10 y 11 podemos leer: objeto omitido del signo/ libre de significados insignificantes;/ solo un referente de carne sin nombre. Sabemos que el objeto del que se habla en el verso 9 no es más que el referente, el poeta nos está diciendo que un poema no puede ser solo referencial, sino que el signo es algo más que una simple información, es además sugerir las inagotables experiencias del yo poético y de esta forma abrirnos infinitas posibilidades a la aventura humana. Esto está en consonancia con el silencio inaudito del segundo verso, pues con él se nos sugiere que el poema ha de transmitir aquello que jamás ha sido dicho, lo inaudito es el mundo interior e inédito del poeta.

El verso 10 es una declaración de libertad, pues no es con la lengua cotidiana que se hace el poema, esta se encuentra ya demasiado desgastada por el uso, Sklövski en su teoría de la desautomatización del lenguaje como mecanismo literario nos habla cómo las palabras pierden su valor y con el tiempo su fuerza significativa disminuye y hasta se anula (Yvankos, 1989). Por eso la oportunidad para comentar el siguiente verso 11: solo un referente de carne sin nombre, dicho referente son las emociones y el propio mundo interior, pero también la palabra carne y el nombre de Eva, tres versos antes, nos dan la idea de erotismo para hacernos sentir el placer de la escritura y la recreación del Yo al momento de crear.

Pero esta creación, tal y como se plantea en el Romanticismo, no está guiada por la razón, sino que para el Yo romántico priman las emociones, por eso el acto poético no puede ser fruto del cálculo y la frialdad de la lógica, sino libertad y comunión con el mundo de la razón y los sentimientos, solo de este modo los símbolos son presentidos por el poeta, leamos los versos 18 y 19: quedará sobre lo blanco/ la huella del azar de nuestra mano. Muy a propósito nos dice Adelaida E. González Oliver en su artículo sobre la creación artística y el artista romántico que tiene la capacidad de «ver el corazón» de las cosas, quien tiene intuiciones que inspiran sus creaciones artísticas en las cuales plasma su sentido de lo sublime (S.F).

Por último señalaremos la importante oposición que existe en la isotopía de lo nocturno, atenderemos sobre todo el penúltimo verso: el párpado extenuado en la vigilia. Ya hemos afirmado que la escritura del poema es un ejercicio nocturno, pero también encontramos la palabra vigilia, es decir el poeta siempre atento, no en la inconsciencia total. Esto también esto está en consonancia con lo que planteaban los románticos, Albert Béguin en su libro El alma romántica y el sueño cita las siguientes palabras de Steffens: El genio existe en los momentos en que la omnipotencia de la naturaleza inconsciente y las profundidades nocturnas e inaccesibles de la existencia dejan caer sus velos y se revelan en el estado de vigilia (1996, 110).

Finalmente, y para resumir, la poética presente en el texto se adscribe al movimiento Romántico al concebir al poeta como un ser creador gracias al poder de la palabra y al Yo como portador de un todo cosmológico. Pero a la vez, Víctor Ruiz, nos presenta su postura ante la poesía, esta debe ser creada a fuerza de la transgresión del lenguaje cotidiano y su carácter predecible, para Ruiz el lenguaje no es un medio, sino fin en sí mismo, no lo utiliza, sino que se funde con él. Este poema nos describe pues su actitud ante el lenguaje y bien podríamos tomar este texto como su arte poética.

Bibliografía

BÉGUIN, Albert (1996): El alma romántica y los sueños. Fondo de Cultura. Económica, México, D. F.

GONZÁLEZ Oliver, Adelaida E. (01/03/13). El Romanticismo. La creación artística y el artista. Recuperado de: http://hum.unne.edu.ar/investigacion/filosofia/instituto/filosofia/02.pdf

Pozuelo Yvankos, José María. Teoría del lenguaje literario. Madrid: Editorial Cátedra, 2º edición, 1989. Capítulos II, III, IV, VIII y IX.