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  • Docente de UNAN-Manauga publica el “Breve diccionario de la lengua popular en hablantes de Managua”

    July 26, 2017 en

    Por: Róger Matus Lazo

    Prólogo
    (del libro impreso)

    Las palabras sirven para representar las cosas y para expresar las ideas y sentimientos. Pero como las cosas no siempre permanecen estables y las ideas y sentimientos experimentan variación en sus matices y por tanto movimientos de sentido, las palabras que los designan tienen que reflejar estos cambios semánticos. Es lo que nos logra demostrar la maestra Francis Mendoza Morán con este Breve diccionario de la lengua popular en hablantes de Managua, Nicaragua, su más reciente obra lexicográfica, que viene a enriquecer y fortalecer los estudios léxico-semánticos en el español de uso actual en nuestro país.

    Un repertorio lexical circunscrito a los hablantes de Managua, considerado en su nivel sociocultural. Por eso insiste la autora en crear las condiciones y oportunidades para que los interlocutores, a través de entrevistas orales, expresen sus ideas y sentimientos en forma espontánea con la lengua que los identifica y los define: la lengua popular.

    Heidegger nos recuerda que “la comunicación existe porque los interlocutores ya tienen algo en común que se manifiesta en el hablar uno con otro”. Y es en esa relación hablante-oyente en donde el individuo refleja a través de su lengua el conjunto de valores individuales y sociales condicionados de alguna manera por el entorno social en el que vive y se desenvuelve.

    Apropiándose de la técnica lexicográfica moderna, la maestra Mendoza Morán da cuenta de los diferentes recursos formales y semántico-estilísticos de los hablantes que van agregando, con sus posibilidades expresivas, un nuevo valor a las palabras. Porque el hombre que habla espontáneamente, como dice Charles Bally, “y actúa por medio del lenguaje, aún en las circunstancias más triviales, hace de la lengua un uso personal y la recrea constantemente”.

    El adjetivo tumbado no tiene ninguna relación semántica con los tumbadores de droga. Se trata simplemente de una persona que se encuentra mal de salud, o de ánimo decaído. Tetanic no es ningún crucero hundido en el Atlántico Norte sino una mujer de senos generosos. Igualito a los pidevías de los adolescentes. Un hombre parqueado nada tiene que ver con un vehículo estacionado, y una pedorra no alude a ninguna mula sobre todo cuando va en bajada, sino a una motocicleta. “Guindeate flash que te pedorrean”, registré la frase en una investigación que hice sobre el lenguaje del pandillero: “Correte rápido que te persigue la policía en una motocicleta”.

    A veces, los hablantes -agrega Bally- alteran los sonidos para introducir variantes formales en una palabra. Los entrevistados no dicen mequetrefe sino mequetrepe, a la mamá ya no le dicen roca o roconola sino Rockefeller, y a la prostituta (o prostiputa, vocablo que registré en el lenguaje de los adolescentes), sexiputosa.

    Con frecuencia, el contenido semántico de una palabra nos sorprende. Por ejemplo, un tipo emocionado debería de andar lleno de algo, pero más bien anda hueco. Eso sí: un farsante inspira rechazo, por eso nada mejor que llamarlo hediondo.

    Hay vocablos que pierden, con el objeto que nombran, su antiguo significado, o lo amplían a un uso más general y hasta adquieren nuevos sentidos. Tostón, nos recuerda Alfonso Valle, era el nombre de una antigua moneda de cincuenta centavos. Hoy, en Chontales y otras regiones del país, se emplea el término tostón como sinónimo de billete, y en plural con el significado general de dinero. Y adquirió otro sentido más: rodaja aplastada de plátano verde y frito. El Breve diccionario de la lengua popular en hablantes de Managua, Nicaragua, de la maestra Mendoza Morán, nos muestra una acepción más: el tostón es un homosexual.

    Se trata del fenómeno de la resemantización que hemos venido advirtiendo a lo largo de la obra. Porque al robo se le llama premio, un sultaneco es un hombre que vende drogas y no necesariamente en La Gran Sultana, el cepesapo es un servil, una hernia es una interjección usada para expresar negación, y en la roja –referido a la mujer que menstrúa- no se refiere a ningún semáforo.

    Es la evolución natural de un lenguaje vivo de que nos habla Charles E. Kany: “Los hablantes escogerán vocablos, desecharán otros, ampliarán el significado de una palabra, restringirán el de otra y crearán neologismos para adaptarse a las exigencias de tiempo, lugar, ocasión y tono de sensibilidad requeridos”.

    Es la resemantización de las palabras porque es la resemantización de la vida misma de los hablantes de Managua, cuya existencia transcurre entre luces y sombras, y por eso experimentan variaciones a través de todo lo que acontece en su vida y en su entorno sociocultural. Su palabra es el reflejo de lo que vive y sufre y sueña. De sus pasiones y sus conflictos interiores, sus rebeldías y sus desgarramientos en el grupo social. Cambia su palabra, su forma o su contenido, o la matiza porque cada día que vive cambia o matiza pedacitos de su experiencia vital.

    Y es que todo hablante refleja en un contexto social sus valores y sus formas y estilos de vida. Por eso hace un uso personal de su lengua, y la recrea con su imaginación y creatividad y la matiza con las palabras que mejor le parecen y que mejor le sirven para expresar y sobre todo representar una realidad que está en lucha con la vida.

    Felicitamos a la maestra Francis Mendoza Morán -apreciable colega, entrañable amiga y excompañera en la maestría en Filología Hispánica- por este estupendo trabajo que, como toda investigación lexical, es arduo y complejo y exige – como afirman Haensch y Wolf- “paciencia de benedictino”.

    Managua, Nicaragua, marzo de 2017

     
     
 
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