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  • “El Fabuloso Blackwell” de Arquímedez González también muere, un caso de intertextualidad

    October 8, 2014 en

    Lic. Manuel GAITÁN HERRERA

    Docente de Español, Universidad Nacional Autónoma

    de Nicaragua. Departamento de Español.

    gaitan88unan@hotmail.es

    Resumen

    Una de las estrategias para crear nuevos textos literarios es a través de las relaciones intertextuales. Precisamente, este artículo reconoce este tipo de relación entre el cuento de Sergio Ramírez Mercado “Charles Atlas también muere” (1976) y  la novela El fabuloso Blackwell (2010) de Arquímedes González. El lector es el encargado de  reconocer y develar los vasos comunicantes entre las obras que dotan de múltiples sentidos a los nuevos textos dentro de ese universo intertextual.

    Al iniciar la lectura de una obra literaria, nos sumergimos en una creación retórica que al parecer no guarda relación alguna con las producciones que le anteceden, pero en realidad todo texto se encuentra inmerso en un sistema de tejidos intertextuales producto de una praxis de las tradiciones literarias escritas. Diversos teóricos, entre ellos Kristeva, nos han formulado este tipo de relaciones al decir

    (…) el texto es una especie combinatoria, el lugar de intercambio entre fragmentos redistribuidos por la escritura que construye un texto a partir de textos anteriores (transformados), es un proceso o una dinámica, una «transposición», una productividad textual (…) (Kristeva en Camarero, 2008:28-29)

    En este trabajo se muestra la relación intertextual entre las obras “Charles Atlas también muere” (1976) del autor Sergio Ramírez Mercado y El fabuloso Blackwell (2010) de  Arquímedes González. Esta intertextualidad la logramos determinar por medio de la lectura detenida en ambas obras, y como señala Carlos Reis acerca de este tipo de vínculos, “todo texto es leído con referencia a múltiples textos que lo preceden; o, con otras palabras, que el acto de lectura tampoco ignora el espacio intertextual en que se inserta todo discurso literario (Reis, 1985:16).  Este trabajo, por ello, establece las relaciones diegéticas e intertextuales entre las obras narrativas antes citadas.

    En el año 1976 aparece en la narrativa nacional una colección de cuentos de Sergio Ramírez Mercado titulada Charles Atlas también muere.  Uno de los cuentos se titula de la misma manera donde se narra la historia de un personaje a quien le cambió la vida: “En una de esas revistas fue que vi el anuncio que cambió mi vida, convirtiéndome en un hombre nuevo, pues era yo un alfeñique” (Ramírez, 2004:4), por tanto, el personaje no se siente conforme con su imagen física. Él mismo lo señala: “Desde muy niño había sufrido por el hecho de ser un pobre enclenque” (p. 4); además, narra y escribe su propia historia de hombre a superhombre y que tituló de la siguiente forma: “El alfeñique de 44 kilos que se convirtió en el hombre más perfectamente desarrollado del mundo” (p. 4). Este cambio lo logró al recibir una correspondencia en la que se lee lo siguiente:

    Un sobre de papel amarillo con varios folletos y una carta firmada por el mismo Charles Atlas: el curso completo de tensión dinámica, la maravilla en ejercicios físicos; solo dígame en qué parte del cuerpo quiere Ud. músculos de acero (….) ¡Solo deme 7 días! le probaré que puedo hacer de Ud. un verdadero hombre, saludable lleno de confianza en si mismo y en su fuerza. (p.4).

    Como podemos observar, el personaje podrá lograr su sueño de cambiar su apariencia física al cumplir con el curso ofrecido por Charles Atlas mediante la propaganda de ser“ (…) un hombre nuevo con bíceps de acero (…)” (p. 5) y es así que logra ser famoso: “(…) jalé por un trecho de doscientos metros un vagón de ferrocarril del pacífico cargado de coristas, vestido solamente con la calzoneta de piel de tigre. Allí estaba presenciado el acto el propio Presidente Moncada, el ministro americano Mr. Hanna (…)” (p.5). En ese contexto, los medios de comunicación se encargaron de revelar como un  gran acontecimiento lo que realizó el personaje: “Esta proeza fue comentada en los periódicos (…) En los diarios de la época, más precisamente en La Noticia del 18 de septiembre de 1931(…)” (p. 5). Después que adquiere tanta fama, este personaje es invitado a conocer a Charles Atlas:

    Me recibió un oficial del departamento de Estado (…) me condujo al Hotel Lexington. El oficial me dijo que mi visita a Mr. Altas sería al día siguiente, todo estaba arreglado (…)El automóvil negro se estacionó frente al ansiado número 115 de la calle 23 en el East Side. Para llegar a la puerta principal de Charles Atlas Inc. (…) Allí estaba de tamaño natural, una estatua del dios mitológico Atlas, cargando el globo terráqueo. “Mens sana in corpore sano (…) (p. 5)

    El personaje por fin llega a tener el cuerpo deseado y pretende conocer al ser que inspiró su cambio, pero Mr. Rideout le revela: “–Charles Atlas no existe(…)Sé que es un golpe muy duro para Ud. Pero es la verdad. Inventamos este producto en el siglo pasado y Charles Atlas es una marca de fábrica como cualquier otra (…). Es lo que vendemos eso es todo” (p. 9). En dicha revelación se muestra el poder de los medios de comunicación para incidir en la forma de actuar (búsqueda de cuerpo perfecto) en la sociedad a partir de la creación de modelos irreales de perfección.

    Ante tal revelación el personaje se decepciona y se enoja pero recuerda las palabras del capitán Hatfield “nunca dejes la guardia abierta, sé como los boxeadores, no te dejes sorprender. Exige. No te dejes engañar” (p.9). Entonces este exige una explicación pero su insistencia lo lleva a conocer una realidad más difícil; su gran ídolo estaba muriendo de cáncer en la mandíbula. Al final del cuento encontramos una reflexión muy importante realizada por el personaje:

    Ahora en mi ancianidad, al escribir estas líneas, me cuesta trabajo creer que Charles Atlas no vive y no sería capaz de desilusionar a los muchachos que todos los días  le escriben, solicitando informes sobre sus lecciones, atraídos por su figura colosal, su rostro sonriente y lleno de confianza (p. 14).

    En el año 2010Arquímedes González presenta su novela El Fabuloso Blackwell. Esta obra narra las peleas de un boxeador nicaragüense, estudiante de medicina radicado en los Estados Unidos, quien resulta ser el modelo perfecto de deportista:

    Ian Blackwell Ferrey, joven boxeador nicaragüense, nacido en Granada en 1982, pero residente en los Ángeles, California, desde sus días de infancia ha sido denominado “La futura estrella del boxeo”, en Europa, tras alcanzar una quinta victoria en cinco peleas y todas por nocaut(…) Edgar Tijerino, periodista y cronista deportivo. Primera Plana de La Prensa, 08 de octubre 2011 (p. 7)

    En la obra, además, se narra la historia de un estudiante de periodismo que llega a trabajar a Barricada, uno de los diarios más importantes de la época; este personaje se encarga de contar todas las hazañas de Blackwell a través del periódico antes mencionado. Es decir, crea una leyenda boxística. Muestra de ello es que dicho personaje se mueve en el mundo anglosajón y en el europeo,  logrando así crear un nuevo paradigma en el universo boxístico. Además, González, al igual que Ramírez, inserta  el discurso periodístico en el texto narrativo.

    A través de la historia narrada, el lector conoce a Blackwell por medio de las diversas crónicas deportivas escritas sobre él en los diferentes periódicos, por tanto, reiteramos la presencia del discurso periodístico que permite impregnarle verosimilitud a la obra. Además, dichos textos funcionan como medio para seguir mitificando a la nueva estrella del boxeo y presentar minuciosamente cada una de sus nuevas proezas deportivas:

    StveSpringer/Ap

    BERLÍN ALEMANÍA: El peleador estadounidense pero de origen nicaragüense IanBlackwell, ganó aquí su sexta palea profesional ante el británico Julien Feeney (…) Blackwell se abre carrera en las 147 libras con un record amateur de 36 victorias una derrota y treinta nocauts  como peleador aficionado (p. 96).

    Significa que en toda la novela el narrador en primera persona (el personaje periodista)  realiza una construcción mítica del boxeador, al presentar rasgos que no son comunes en el resto de los personajes, creando así al deportista perfecto y con características idealizadas que radican en su humanismo, destreza, inteligencia y sobre todo en su agilidad boxística; en otras palabras, construye a todo un dios del ring:  “Para mí –dice el texto- los boxeadores son seres de otro planeta, personas especiales, adecuadas para exigencias que los mortales jamás haremos porque carecemos del don a ellos entregados (…)” (p. 123).

    Ahora, se puede entender el génesis del título de la novela: El fabuloso Blackwell; la estructura de una adjetivación antepuesta en el título tiene la intención de adelantar el carácter mítico del personaje principal, pues lo fabuloso significa lo extraordinario, excesivo o increíble; además significa lo subjetivo, de pura invención. Por tanto, ya veremos el significado que más se acopla al personaje. También, dicha mitificación se logra cuando el texto resalta las características negativas de otros boxeadores, oponiéndolas a las virtudes de Blackwell:

    Es un ser honesto, sencillo humano hasta lo más profundo con esas imágenes que tengo de él atendiendo a las decenas de heridos tras el ataque de las torres gemelas, de su amor a su familia, de su entrega al trabajo, de su fidelidad a sus amigos, de su sinceridad y de lo orgulloso de sus sueños (p. 268)

    En la obra de González, por ello, vemos la evolución del periodista y el boxeador, dos carreras con diferencias y similitudes, en ambas se requiere de dominio de técnicas, unas para pelear y otras para escribir, en ambas se juegan la vida, también son complemento pues el boxeador realiza hechos y el periodista los recrea en su crónica deportiva. Es ilustrativo el subtítulo número 23 que posee esta obra:

     23

    ANDUVO,

    ANDUVO,

    ANDUVO

    Le vio la luz del día, le vio la tarde tibia, le vio la noche fría y siempre la victoria, al hombro del campeón llamado Ian Blackwell, el nicaragüense (…) (p. 218)

    Este subtítulo evoca el poema “Caupolicán” de Rubén Darío, pero existen en el nuevo texto (novela) códigos tipográficos que adviertan al lector la inserción del texto anterior (poema) develando así la intertextualidad en la propuesta narrativa. Además, se muestra el intertexto paródico estilístico y funciona para continuar mitificando al personaje Blackwell.

    Antes de avanzar en el análisis intertextual veamos lo que pasa con la historia de Blackwell. Después de todo lo acontecido a los personajes periodista y boxeador, encontramos una nueva historia que no se aleja de estas. En el periódico nace la rivalidad profesional entre los colegas, uno de los personajes principales llamado Suspiro  (lo de Suspiro se refiere a lo poco que dura la gloria o la fama) y el otro que es el narrador, quien engaña al que un día fue su mejor amigo:

    Hoy fue convocada una reunión de urgencia entre los editores y los dueños  Es mi desquite que ha explotado como un globo lleno de escarcha en mitad de una fiesta.

    Tanto he esperado que hace meses no pensé cumplirlo y me resignaba a seguir con esta rimbombante historia de la que no sabía cómo zafarme ni cómo haría para que al fin se descubriera la mentira , mantenida a flote más de lo esperado (p.294)

    El momento del final de la historia se anuncia por medio del capítulo número 34subtitulado: “Éste es el fin” (p.294). La mentira de esta historia al igual que otras es generada por los medios de comunicación; la gran mentira de este mundo ficcional es el personaje “El fabuloso Blackwell”:

    Es una pena admitir que esto fue falso que cada una de las victorias de Ian Blackwell no existieron, que todo, desde Steve Springer hasta Matsuri Miyamoto aparentemente fueron inventados.

    Cada uno de los detalles dados fue falseado, tergiversado y, deliberadamente acomodado para hacerme creer que ese joven existía en una ciudad conocida como Arcadia. (p.302).

    El boxeador no existe, ni existió nunca, pues nuestro narrador supo engañar a su colega llamado Suspiro, enviándole informes de las peleas de Blackwell por medio de los nombres de diferentes periódicos y medios de comunicación que este nunca cotejó.  Y uno de los principales requisitos para publicar una noticia, según las prácticas del periodismo, es verificar las fuentes de información. Pero Suspiro todavía no sale de su asombro y cuestiona su experiencia y eficiencia en el campo periodístico, tratando de encontrar el génesis de su gran historia sin historia:

    Me pregunto dónde se originó la falla y mi respuesta es cada vez más equívoca: fue hace dos años al abrir aquella correspondencia del buzón de mi computadora en el que se me revelaba de un boxeador nica aspirando a ser un campeón. Quien se hacía pasar por Steve Springer, lanzó el anzuelo y yo lo mordí.

    Quien hizo de IanBlackwell, supo conducirse en su personaje hasta el último acto y yo ocupé el rol de quien buscaba la historia de su vida, proyectando un invento hacia la grandiosidad, dándole espacio en estas columnas en un espejismo que leía y se regocijaba al ver impreso en el diario, su trayectoria jamás sucedida.

    A ustedes, lectores, les pido perdón y a Blackwell, mis respetos. (p.303).

    Esta paradoja de la historia sin historia es la forma más apropiada para cerrar la obra, pues el lector también se sentirá engañado y cuestionará la inexistencia de un ser tan digno y ejemplar; pero confirmará una vez más que la perfección sigue y seguirá siendo una utopía más hasta en los espacios novelados.

    La relación diegética entre una y otra obra consiste en que González, al igual que Ramírez, presenta la historia de dos personajes quienes creyeron en la existencias de dos superhombres (Charles Atlas y  Ian Blackwell). Los personajes al final de sus relatos  confiesan haber caído en la existencia ilusa de esos seres creados por los medios de comunicación. Además, los superhombres se relacionan en el mundo del atletismo y son seres divinos, el primero por tradición histórica y el segundo por construcción en la obra. También existe una relación en cuanto al espacio novelado donde se desarrollan las historias (Estados Unidos) para seguir señalando que el imperio crea imágenes falsas y los países pobres son los más afectados, al ser los consumidores número uno de sus productos o imágenes enlatadas.

    En cuanto a la intertextualidad, se indica que el escritor al valerse de otros textos ya existentes para producir uno nuevo que tenga sus características particulares rearticula el discurso  para generar una novela, compartiendo a lo mejor la misma historia, pero integrando nuevos motivos, he allí el aporte del nuevo texto.  Por su parte, Barthes señala que “todo texto es un intertexto, otros textos están en él, en estratos variables, bajo formas más o menos reconocibles; los textos de la cultura anterior y de la cultura que lo rodean; todo texto es un tejido nuevo…” (p.30). Para ejemplificar lo expresado por Barthes, acudimos a la novela de Ramírez titulada Mil y una muertes (2004), donde este autor refiere las tantas formas de morir y una alusión similar la realiza González en su novela El fabuloso Blackwell:

    El flaco me pidió que le enumerara las maneras de morir vistas en mi breve paso por la nota roja y comencé diciéndole que eran asesinatos (…) y me orientó intentar con una secuencia alfabética de por ejemplo, abatidos, abrasados, achicharrados, acribillados, acuchillados, aguijoneados, agujereados,  ahorcados, ahogados, ajusticiados, ametrallados, asfixiados, apedreados, apilados, aplastados (…) (p.170)

    De otro modo, Chassay, citado por Camarero, señala que la intertextualidad puede definirse en dos sentidos:

    En sentido estricto, se llama intertextualidad al proceso constante y quizás infinito de transferencia de materiales textuales en el interior del conjunto de discursos. Desde esta perspectiva todo texto puede leerse como si fuera la confluencia de otros enunciados, dando lugar a unas relaciones que la lectura y el análisis pueden construir o deconstruir a cual mejor. En un sentido más corriente, la intertextualidad designa los casos manifiestos de relación de un texto con otros textos (p.25)

    En el caso de nuestras obras en estudio se transfiere toda una historia que es modificada o bien reconstruida, pero parte precisamente de un enunciado que resulta clave para entender al génesis de la obra de González: “Nunca dejes la guardia abierta, se como los boxeadores, no te dejes sorprender. Exige. No te dejes engañar” (Ramírez, 2004: 9). Precisamente, de ahí  se produce la intertextualidad al retomar el boxeo y crear todo un boxeador mítico. También al periodista (personaje de González) le pasó todo lo contrario que al personaje  enclenque de Ramírez; pues este dejó la guardia abierta, se dejó sorprender, no exigió, y se dejó engañar, a pesar que escribía sobre boxeadores.  Entonces, la intertextualidad tal y como lo señala Camarero “(…) es sobre todo, un fenómeno de recepción, por cuanto el lector detecta o reconstruye la relación intertextual (…)” (p.26).

    La intertextualidad, además,  permite establecer las características de la literatura actual donde se manifiesta este fenómeno para la producción de nuevas obras y no es por falta de ideas en los nuevos escritores, sino que resulta como estrategia de mantener la identidad escrituraria. Asimismo, este recurso o estrategia funciona como lo señala Campos (2011:55-56) para “(…) impulsar la transformación, (y) se ajusta a nuevas experiencias de escritura, significados y sentidos en el marco de la recepción-producción”. Por tanto, coincido con  Camarero al retomar el planteamiento de Samoyault cuando plantea que:

    Al llevar a cabo maniobras o movimientos dentro de la literatura, de los viajes de los textos o en otros textos, al crear relaciones de los textos sin límites de lugar ni de tiempo, la intertextualidad propone y permite reflexionar sobre el hecho mismo de la literatura. (p.26)

    Debemos entender, entonces, el propósito intertextual del título del trabajo: “El Fabuloso Blackwell también muere”, donde encontramos la combinación de los títulos de las obras analizadas en una nueva estructura textual, producto de esa posibilidad  infinita de las relaciones entre los textos. La estrategia intertextual aplicada por González en su novela le permitió lograr esa dinámica interactiva directa o indirecta  entre los distintos textos aludidos en la misma, patentizando así lo propuesto por Camarero en cuanto a que:

    La intertextualidad es una estrategia para convocar una serie de obras pertenecientes al tesoro común de la humanidad, de modo que el lector se vea invitado a activar su memoria en el reconocimiento de esas obras y su interacción con o dentro de la obra receptora, es un proceso de descodificación de referencias inmersas en el texto, que el lector culminará con éxito en el momento de un desvelamiento profundo del mismo (…) (p.47)

    Para concluir, resulta pertinente aludir al artículo de Rothschuh Villanueva titulado “Entre la ficción y la verdad”, donde encontramos la polémica entre el cronista deportivo Edgar Tijerino y Arquímedes González, por ubicar en la solapa de su obra un artículo periodístico que dicho cronista jamás escribió. Entonces, vemos cómo la literatura o bien los escritores juegan con la relación entre realidad y ficción, para crear verdades ficticias. La polémica aquí generada podría ser extraliteraria, no olvidemos que en las obras ficcionales no se deben buscar realidades absolutas, dado que son mundos de creaciones retóricas donde se traspasa el límite entre la verdad y la ficción.

    El lector, por ello, debe entender la literatura como un  mundo donde los personajes mencionados se parecen a los humanos pero resulta que no son los mismos, pues estos viven en el mundo interior del espacio novelado del texto. Se diría que el creador de ficciones puede torcer la realidad, deshacerla y rehacerla, siempre y cuando nos haga caer en las trampas ficcionales narradas que contengan como lo sugiere Ramírez “(…) congruencia y verosimilitud (…); es decir (…) credibilidad” (p.85).

    Bibliografía

    Camarero, Jesús (2008).Intertextualidad, Redes de textos y literaturas transversales en dinámica

                intercultural. España: Antrophos.

    Campos, Ignacio (2011). Ficcionalización (auto)biográfica de Rubén Darío en la novela

    centroamericana: entre la construcción mítica y su deconstrucción. Managua: Academia

    Nicaragüense de la Lengua.

    González, Arquímedes (2010). El Fabuloso Blackwell. Managua: Leteo.

    Patiño, Julia (1997) “La intertextualidad como elemento productivo del texto en las “coplas a la

    muerte de Merton”, de Ernesto Cardenal”. En Cátedra Revista de Ciencias, Cultura y

    Educación 10-11, pp. 103-112.

    Ramírez, Jorge (2000).“Lectura intertextual e interdiscursiva en sociocrítica”. En Letras Revista

                de Literatura y ciencias del lenguaje 32, pp. 137-161

    Ramírez, Sergio (2011) Mentiras verdaderas. México: Alfaguara.

    Ramírez, Sergio (2004) Charles Atlas también muere. Managua: Distribuidora Cultural.

    Reis, Carlos (1985). Fundamentos de técnica de análisis literario. España: GREDOS.

    Rothschuh, Guillermo  (2010). Entre la ficción y la verdad. En

    http://www.confidencial.co.ni/articulo/3322/entre-la-ficcion-y-la-verdad (27feb.2010)

     

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