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  • Intertexto e hipertexto bíblico en “El angel pobre”

    October 2, 2014 en

    Por Addis Esparta DÍAZ

    Doctora en Filología y Maestra en Ciencias de la Educación.

    Docente, UNAN-Managua. Addis_dias@yahoo.com

    Joaquín Pasos (1915-1947) inicia su discurso narrativo con un epígrafe o paratexto de Anzoátegui que dice: «El ángel que nos desespera de la vida para librarnos de las tentaciones de la vida», frase que anticipa sintomáticamente, la experiencia mágica y espiritual del ser humano en torno a los misterios que encierran la experiencia religiosa y sus hechos sobrenaturales; los cuales dotados de una voluntad divina pueden irrumpir en nuestras vidas con la buena intención, casi siempre, de resolver los problemas que son causa de sufrimiento y desesperanza. La diégesis contada o vivida finaliza generalmente con un cambio en el destino de los individuos. Semejante interdiscurso de la conciencia no es nuevo; antes bien revela los espacios isotópicos  o redundantes de toda estructura fabulada, que en este caso específico es un cuento vanguardista.

    Por tanto, si partimos que es un texto literario esto permite visualizar que tal obra es un producto que tiene su génesis en otros textos precedentes, lo cual debe verse como una reinterpretación y reformulación de motivos, contextos, circunstancias, retóricas y otras conexiones discursivas que remarcan el enfoque intertextual, es decir las relaciones interdependientes de las líneas argumentales, anecdóticas y estéticas que implica todo fenómeno textual en su relación con otras influencias literarias. Es así que vamos a centrarnos en estos aspectos que se definen por la dinámica de la intertextualidad y la hipertextualidad.

    Genette (1982,20) define intertexto como la relación de copresencia entre dos o más textos o la presencia de un texto en otro. Para Mendoza (2000,40) este término designa la relación que las diferentes creaciones literarias y artísticas en general mantienen entre sí. Como bien expone Genette todas las obras son intertextuales y estas pueden presentarse a través de la cita, la alusión, el pastiche y la parodia. En esta misma línea importa destacar lo que Kristeva (1981,36) denomina función intertextual o ideologema, cuya misión consiste en organizar el modelo ideológico, histórico y social a partir del signo y del enunciado.

    En términos semejantes el hipertexto es concebido por Mendoza como el texto nuevo (id. 44).  Eco (1988,230) nos habla de hipercodificaciones que vendrían a ser conformantes del hipertexto, en nuestro caso sería el sistema de reglas y códigos, repertorio de imágenes y figuras, fórmulas cargadas de prestigio argumentativo, denotaciones y connotaciones ya establecidas que dan lugar a ciertos sentidos conocidos por la cultura generadora del texto. Esta hipercodificación es a su vez el interdicurso de determinadas condiciones socioculturales. De hecho en El ángel pobre concurre una serie de índices que precisan situarnos en el evangelio bíblico y en su figura protagónica, Jesús el Mesías, y consecuentemente con una tradición escrita y oral sobre el papel de los ángeles como mensajeros. Veamos a continuación como opera la producción fenotextual  (relato) en su recorrido de los sentidos connotativos e ideológicos y en el dominio que le es propio: el lenguaje y su significación.

    En primer lugar, debe recordarse que el mensaje del evangelio cristiano se puede entender como una liberación social, moral y sobre todo espiritual de los oprimidos. El cuento de Joaquín Pasos trabaja esta visión emancipadora de la realidad. Por ello, es que el personaje principal, el sujeto ángel, procura ser humano y terreno lo cual transgrede su verdadera imagen divina, al humillarse, en su misión de ayudar a los hombres, no obstante necesaria para la acción sobrehumana que llevará a cabo. Él, como sujeto héroe de la historia, será comparable a Cristo, porque carga con los pecados de todo un pueblo o conglomerado humano que figura como el actante rebelde u oponente.

     El ángel de Pasos se configura a partir de la imagen de Cristo que nos es presentada por los cuatro evangelios del Nuevo Testamento. Uno de los atributos esenciales del héroe es la pobreza, signo concomitante de buena nueva:

    Así entró a la ciudad con el mismo overol, con los mismos zapatos y con una gorrita a la cabeza. Con su nuevo aspecto de ángel laborioso y pobre, con su misma sonrisa misteriosa.

    La relación existente es completamente indicial con la imagen mesiánica, lo cual hace que simpaticemos con este personaje puro, dado su aspecto misterioso, ancestral. Los ángeles cuidan el equilibrio del universo y en el texto se identifica con los obreros por el tipo de vestido, overol, que utiliza para cuidar el jardín. Consecuentemente con este ideologema  el texto del evangelio de San Mateo (Capítulo 5:3) nos dice:

    Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

    Analógicamente en Mateo (cap. 11, 5) encontramos otro versículo que alude a la situación antes dicha, agregándose una simetría respecto a la pobreza del destinatario del mensaje:

    Y a los pobres es anunciado el evangelio.

    De Cristo se dice que “el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre se humilló a sí mismo (…)” ( Filipenses cap. 2, 6-8). Y semejante al Mesías el ángel humilla su naturaleza espiritual y divina al humanizarse y volverse carne:

    Tenía una expresión serenísima en su cara sucia. En cambio, una mirada muy atormentada en sus ojos limpios. La barba crecida de varios días. El cabello arreglado solamente con los dedos.

    La expresión “atormentada” de su cara es evidencia que sufre por la burla y la indefensión ante la crueldad ajena. El evangelio de San Juan (cap.1, 14) subraya esta humillación de Cristo, sin embargo es presentado por las sagradas escrituras en su estado glorioso por la revelación divina que tuvo San Juan, el evangelista:

    Y aquél Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

    Siguiendo la lectura de Pasos nos encontramos que la comunidad demanda del ángel señales y milagros para creer que en verdad es un enviado del cielo. Esto tiene su fundamento en el hecho de que cada pueblo maneja en su inconsciente un universo ancestral de expectativas míticas. La aparición del ángel se explicaría a través de lo que Lévi Strauss (1996, 70) denomina y explica como una tradición asentada en la visión sobrenatural de un pueblo y originada en el sistema social estructural de una población decadente, viciosa y desarraigada. De esta manera, el narratario-pueblo, exige al ángel una demostración de sus poderes divinos, igual que le fueron pedidos a Cristo por el pueblo durante su ministerio así como ante el interrogatorio de los sacerdotes, ancianos y Concilio judío:

    Pero el ángel era tan pobre que no tenía ni milagros. Nunca había resucitado a ningún muerto ni había curado ninguna enfermedad incurable. Sus únicas maravillas, aparte de sus alas, consistían en esos pequeños milagros realizados con Jaime y sus juguetes.

    No obstante, esta misma tradición mítica cristiana impide la comprensión de la nueva aparición sobrenatural. De hecho, el ángel es visto a través de un discurso ya preparado y estructurado en su inconsciente. Kristeva (id. 39), partiendo de Propp y Lévi-Strauss (1996, id. 72) al considerar casos semejantes, explica que “una relación unívoca Destinador-Destinatario es justificable en una comunidad mítica en la que  esta asume ambos papeles, siendo al mismo tiempo el emisor y el receptor de un discurso que, por decirlo así, tal comunidad se dirige a sí misma». Esto explica por qué el ser celestial no ocupa un lugar como sujeto de intercambio mítico, así el pueblo en su diálogo con el nuevo modelo sobrenatural que se le presenta, no logra la permutación esperada, lo cual deviene en una ausencia total para su instauración como sujeto de enunciación de buenas nuevas para la población, antes bien es execrado, cuestionado y expulsado.

    Esta reacción negativa al cambio, por parte de la colectividad y de arraigo por los antiguos patrones simbólicos, tiene su explicación por consiguiente, en la estructura psíquica del individuo. Blanca Muñoz (1989, 89), en sus valoraciones sobre la teoría freudiana, explica esta clase de conflictos como la lucha entre el yo ¾tendiente a la satisfacción de ciertos impulsos primitivos¾ y el superyó ¾en tanto canalizador de la represión. Sucede que el superyó como instancia ética y crítica, no puede manejar el nuevo código de esta imagen, para ellos pseudo divina, lo que provoca el instinto de agresión, el thánatos (id.90).

    Klein, otro investigador del inconsciente (citado por López, 1980) describe este estado psíquico como un deseo de alcanzar el objeto, sin obtener nunca la satisfacción o placer. Esto permite entender la decepción del pueblo en su rol de oponente  en contra del sujeto héroe, pues no es la clase de ángel que esperaban. Al ser un animal tótem se pasa a otro estadio espiritual: sabiduría de vida, muerte y renacimiento. En el subtexto es una ironía del narrador al delegar la voz en los personajes para que sean ellos mismos los que asuman la codicia, la envidia y la crueldad con el ser de luz.

    Había algo de exigencia en las expectativas del pueblo. El ángel era ya un orgullo local que no debía defraudar las esperanzas e la población. Lo estaban convirtiendo poco a poco en algo así como un pájaro totémico. Era casi una bestia sagrada.

    Prosiguiendo con el marco de correspondencia intertextual, otro aspecto espiritual que define al ángel es la virtud de superar las tentaciones, de resistir los ofrecimientos y las demandas que la comunidad le solicita. Esta marcada insistencia tiene una estrecha correspondencia del desapego de Cristo con la riqueza al decir siempre a sus discípulos que su reino no era de este mundo.

    Todo en vano. El ángel lo desechaba todo disimuladamente. Nada le interesaba, según parecía. Sólo daba muestras de una entrañable afición a la jardinería.

    Y también el ángel al reafirmar su pobreza, expone su desapego a lo terrenal, por lo cual no puede existir la tentación en él:

    …Cuando yo le dije a su señora que yo era un ángel pobre, era porque en realidad soy ángel y soy pobre. Es decir, la pobreza es una calidad de mi ser. No tengo bienes terrenales ni puedo tenerlos. Tampoco puedo darlos. Eso es todo.

    De igual manera el Evangelio de Lucas (cap. 4, 6-8) explica ampliamente todas las tentaciones de Satanás, que Jesús resistió con sabiduría y con la fortaleza que le dio su Padre:

    Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a  mi me ha sido entregada, y ha quien quiero la doy. (…) Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mi Satanás porque escrito está al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás.

    El contexto bíblico anteriormente citado, puede homologarse con el programa narrativo que a su vez presenta el cuento que nos ocupa. En términos simbólicos el grupo social representa la figura del tentador y a las mismas fieras. Los niños, por su parte, logran ver y sentir la santidad y pureza de este ser celestial. Hay una correspondencia de miradas y sentimientos que tienen su base en la facilidad con que los niños pueden alcanzar el reino de los cielos.

    En un contexto de querer aclarar y profundizar  el acontecimiento anterior encontramos que Blanca Muñoz subraya la importancia que Freud y Lacan han dado al papel de las identificaciones primarias en la formación del yo y de la personalidad (id. 45). De hecho las razones de tal comunión espiritual entre los infantes y el ángel tienen su explicación a la luz de tales identificaciones. Así, la realidad de este milagro en el mundo del relato solo es posible, porque el aparato mental de los niños y muchachos no está todavía alienado, enajenado, puesto que aún predomina en ellos el sistema de los instintos y sus necesidades primarias: es el reconocimiento del otro– el ángel desde una introyección y proyección del imaginario ideal a través de la mirada de lo semejante.

    Todo lo contrario ocurre con la gente del pueblo que agudiza su conflicto psíquico. Si seguimos el modelo anteriormente citado de M. Klein (citado por López: id.), nos situaríamos en una introyección de una ángel malo, que como objeto de deseo se inscribe en su propio vacío o ausencia, sin embargo su visión es otra y su aparición obedece a una búsqueda de humanismo ante tanta indiferencia.

    Consecuentemente no causa sorpresa que el hipotexto bíblico manifieste de igual manera la comunión de Jesús con los niños, evidente en la siguiente frase bíblica del Evangelio según San Lucas (cap. 9, 48):

    Jesús dijo: «Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí; recibe al que me envió, porque el que es más pequeño entre todos nosotros, ese es el más grande».

    El camino al reino de los cielos, aconsejan las Escrituras, comienza con la negación de sí mismo que moralmente es el deber de convertirse en un niño. Sólo así es posible este encuentro de empatía  y armonía entre Dios y los seres humanos.

    La devoción por los bienes materiales, los sufrimientos de la vida terrena y el orgullo desmedido del género humano hacen que la existencia se haga intolerable y difícil de asimilar. El valor cuantitativo de los objetos aviva el apego excesivo a las riquezas y al poder. El umbral moral, según Greimas (1994, 40) al describir un modelo de tal condición, se convierte en avaricia. Dado lo anterior, la solución más viable a este gran problema sería la muerte, según la propuesta del ser angelical a la familia Ortiz-Esmondeo.

    Pues como la vida les está siendo tan desagradable, puedo conmutarles por gracias especiales lo que ustedes ganarían ofreciendo esas penalidades a Dios, y suprimirles la existencia terrenal.

    En los Salmos (cap. 116, 15) se expone lo siguiente:

    Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.

    El valor otorgado por Dios a la muerte se corresponde con el grado de santificación alcanzado por el alma; es en este sentido que el ángel señala que «La muerte es necesariamente deseaba por el hombre justo». Nos entristece pensar en la muerte, sea la nuestra o la de un ser querido. No obstante, la Biblia nos anima a afrontarla con valor, cuando dice: “Mejor es ir a la casa del duelo que ir a la casa del banquete […]; y el que está vivo debe poner esto en su corazón” (Eclesiastés cap. 7, 2).

    Por tanto, la muerte de los justos enuncia otro valor a través de la transmutación de las categorías /muerte/ en / vida /, lo cual es la petición manifestada en la voz del actante  Jaime:

    -Ángel, mátame hoy- le decía, mátame bajo tus rosales japoneses, de un solo golpe de ala.

    Murió el niño. El ángel extendió sus alas sobre él durante la misteriosa agonía. Era una muerte suave, una muerte de pájaro. Una muerte que entraba de puntillas y sonriendo.

    De esta manera la muerte del niño simboliza la entrada al reino de los cielos y garantiza que ante los ojos de Cristo sea recibido como «el más grande». Este suceso se vuelve a repetir en la parte final del relato, donde el ángel alejándose del pueblo, execrado y humillado, todavía demuestra su misericordia con los que reconocieron que era «un ángel de verdad»:

    Pero al llegar al puente, los muchachos del pueblo que allí estaban, se arrodillaron en línea llorando.

    El ángel paso levantando sobre sus cabezas su alón sangriento y uno por uno fueron cayendo muertos.

    Igual que Cristo fuera herido en uno de sus costados, el alón sangriento es en un nivel metafórico la representación del sacrificio del ángel. Este actante divino de Pasos sintetiza una nueva visión de vivir la espiritualidad, la cual centrada en los valores cristianos, responde a un anhelo de acercarse a lo cotidiano y a lo humano mediante lo puro o prístino. Es decir una teleología que defiende la necesidad de volver a reencontrarnos con el ser espiritual que cada uno lleva dentro, y al cual las más de las veces ignoramos. Es una visión que en otros estudios sobre el cuento, la crítica nicaragüense ha equiparado como el rechazo a la sociedad burguesa, mercantilista y capitalista.

    Joaquín Pasos realiza una sorprendente hipertextualidad  narratológica al utilizar la imagen de un ser celestial que reúne todas las cualidades y virtudes de Cristo, el hijo del hombre  presentado por El Nuevo Testamento. Ese cristo que camina flaco y enclenque por las calles y pueblos, amado por unos y despreciado por otros. Sintetizando podemos afirmar que es una intertextualidad paródica de una dualidad entre la imagen de Cristo y el ángel pobre.

    REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

    Pasos, Joaquín (1977). “El ángel pobre”. En Antología del cuento centroamericano

    (Introducción y notas de Sergio Ramírez). San José, C. R.: EDUCA

    Santa Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento (2000). Corea: Sociedades Bíblicas Unidas.

    Eco, Humberto (1988).Tratado de semiótica general. Barcelona: Lumen.

    Greimas, Algirdas J. Y Fontanille, Jacques (1994). Semiótica de las pasiones. México, D. F.: Siglo XXI Editores

    Kristeva, Julia (1981) El texto de la novela. Barcelona: Lumen.

    Levi-Strauss Claude (1996). Mitologías. Lo crudo y lo cocido. México, D. F.: Fondo de Cultura  Económica.

    López, Rafael Ernesto (1980). Símbolo y mutación. Caracas: Monte Ávila Editores.

    Mendoza, Antonio, et. al. (2000). Lecturas de museo. Universitat de Barcelona.

    Muñoz, Blanca (1989). Cultura y comunicación. Barcelona: Barcanova.

     

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