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  • La “política del poder” en Caperucita en la zona roja, de Manlio Argueta

    marzo 19, 2018 en

    por: Eduardo R. PACHECO[1]
    JCI-Nicaragua
    pachecoeduardo1915@gmail.com

    Resumen

    La noción de poder en la narrativa centroamericana de finales del siglo XX ha cobrado relevancia por evidenciar el enfrentamiento entre sectores disconformes por la explotación y la marginalización  a la que son sometidos, donde el concepto de Nación se deforma debido a la instauración de un discurso totalmente capitalista y dictatorial. Ante tal notoriedad, la novela de Manlio Argueta se vale de mecanismos discursivos para manifestar claramente el compromiso político y liberatorio de la clase obrera y universitaria frente a un poder centrípeto. Basándose en eso mismo, se aplica al texto en estudio la teoría del poder de Foucault orientada en tres vértices, los movimientos sociales universitarios por la autonomía social, el papel de la mujer en la lucha revolucionaria y el desarrollo social y, el carácter referencial, donde resulta más conveniente observar la conformación de un poder subalterno que a través de prácticas sociales origina una de las más violentas  revoluciones en Latinoamérica.

    Las grandes revoluciones que han acontecido a través de la historia de la humanidad implican muchos factores para su concretización, como el deseo de cambiar una nación a través de una nueva ideologización que responda a los intereses de los oprimidos y  una conformación de personas que deseen cumplir esa ideología para convertirla en una institución. Muchas revoluciones han marcado el mundo en el  transcurrir de la historia, desde la revolución francesa, la revolución industrial y, un poco más cerca a la actualidad, la revolución cubana que reorientó e impulsó los ideales liberatorios de  una joven América sumergida en los sistemas latifundistas y dictatoriales. En este sentido, el istmo centroamericano se ha caracterizado desde la etapa colonial hasta finales del siglo XIX, como un lugar  totalmente revolucionario tal como asevera Fonseca (1996) “para países como Nicaragua, Guatemala y El Salvador, la revolución se impuso como la única vía para alcanzar una mayor apertura democrática y finiquitar el autoritarismo despótico que limitó el ejercicio de la democracia” (p.98)

    Las revoluciones deben su punto de partida, en el contexto centroamericano, a un interés en común, vinculado a las ansias de libertad de una nueva generación oprimida, surgida desde el seno del proletariado, pero acrecentada por la superación y la educación de los sistemas universitarios que generaron en los jóvenes revolucionarios nuevas formas de validar su palabra a través de la instrucción. En palabras de Polar, citado en Class (2008), “se necesitaba de un sujeto intelectual que deseara y tuviera la autoridad para escribir lo que realmente sucedía en ese determinado contexto social” (p.67). Este sujeto adquiriría  un rango que posiblemente lo posicionaría como una especie de “divulgador” disidente, donde su perspectiva  buscaría legitimar  un discurso subalterno,  para ubicarlo en una realidad extraliteraria, permitiendo su inclusión en las esferas públicas, de las cuales se encontraban censurados.

    Este mismo contexto propicia el surgimiento de una generación de jóvenes decididos a batallar desde el lápiz y papel contra estos sistemas colonialistas, y se esconden bajo la etiqueta de literatura comprometida, al concientizar el cambio ideológico de esos valores transmutados por las oligarquías, amedrentados por el ejército militar, silenciados por los mass medias que son controlados por los sujetos de poder, a la iglesia acallada por las metralletas y a las mujeres destrozadas por la muerte de sus hijos. El  principal fin de esta literatura comprometida es según Sommer (2001) “reconfigurar  la idiosincrasia nacional  e incorporar a las masas segregadas en un común” (p. 299)  para generar el cambio que los beneficiará a  todos, sin la necesidad de lucrarse de nadie; es decir que existiera una equidad social.

    Esta equidad social, o más bien su búsqueda, se encuentra en la mayoría de escritos de la denominada “generación comprometida” integrada por jóvenes universitarios que movidos por un interés común llamado revolución, innovan los sistemas de expresión literarios y lingüísticos para representar una “realidad definida” apropiada de los temas fundamentales y de las preocupaciones de sus destinatarios. Los temas siempre aparecen evidenciados en estructuras totalmente arreferenciales, en ocasiones, sin ningún sentido, donde la ironía, y la sátira son los mecanismos discursivos que soportan las prácticas textuales expresadas por las visiones estereoscópicas de los retazos de personajes. No obstante, estas múltiples perspectivas o visiones que el intelectual desea evidenciar obedecían a la crisis del contrato mimético expuesto por Barrenechea (en Class 2008), que afectaba a la obra en tres aspectos “la articulación del texto con su realidad externa, la cohesión de los elementos y la relación dialogística que se establece con otros escritos” (p.160).

    Prácticamente esos aspectos hacían de las obras que se producían en ese contexto, una dificultad para el consumidor de literatura por la estructuración y el grado de complejidad de los artificios narrativos por las que se encontraban constituidos. Por eso, el texto será un mosaico plurilingüistico donde los discursos confluirán en una función social contra el sistema represivo impuesto, para develar la subalternidad  aplastada por los cambios de una dictadura anclada en una incipiente sociedad en vías de superación. Sirvan estas páginas introductorias a manera de contextualización para la novela en estudio.

    El texto ganador del premio casa de las Américas, Caperucita en la zona roja (1977), describe un paisaje sombrío donde la sociedad como proyecto inconcluso intenta (re)descubrirse en medio de cambios tan drásticos y sofocantes, que aprisionan a los personajes en un mundo de sobrevivencias. Y, precisamente, ese mundo novelesco se encuentra atravesado por los discursos de una incipiente sociedad, victimizada no solo por los mecanismos de poder (los lobos, el gobierno, los mass medias) sino por la razón misma de no pertenecer a esa realidad sin sentido donde Caperucita, figura metonímica que representa a la colectividad, en especial a un sector muy representativo, atraviesa los distintos bosques o campos discursivos (irónico, poder, subalterno, subversivo) donde enfrentará un sinnúmero de desafíos que la llevarán a dudar de sus capacidades por ser, tal vez, mujer. En este mismo aspecto, la obra y el título cobrarán relevancia cuando la trama se vaya desarrollando a través de , de las cuales dos se encuentran reformadas, porque sus respectivos títulos los antecede el modulador de tiempo reiterativo “otra vez”, que marca un respectivo regreso a ese comienzo donde el miedo, el desasosiego, la violencia, el  amor y la clandestinidad se entreveran para construir el entramado narrativo que alberga la teoría conocida como la política del poder.

    La política del poder en la novela Caperucita en la zona roja (1977) presenta dos formas básicas de representación orientadas a la conformación de la palabra que alberga la ideología del sector sometido contra el dominante. Para esta conformación del poder, las formas básicas son las prácticas discursivas y las prácticas sociales que a su vez presentan determinadas subclasificaciones en acciones coercitivas, enunciados adversativos y estructuras referenciales sostenidas en los ejes remáticos del texto. Estos remas textuales responden a tres grandes significaciones soportadas por la naturaleza híbrida de la novela al albergar los regímenes propuestos por Genette llamados “constitutivo y condicional” que actuarán  de nivelador temático  orientados a los siguientes  enclaves de la novela basados en el carácter denunciador y reinvindicador  de los estratos sociales como son: los movimientos sociales universitarios por la autonomía, el papel de la mujer en la lucha universitaria y el desarrollo social  y el carácter referencial de la obra. Por lo tanto, el presente estudio centrará su atención en estos tres vértices de la novela  y,  a la vez se observará como la política del poder actúa en la integración–desintegración del universo narrativo y su incidencia en la sociedad salvadoreña de finales del siglo XX.

      Movimientos sociales universitarios por la autonomía social

    La necesidad de los movimientos sociales universitarios en Caperucita en la zona Roja surge como una demanda contra el despotismo de la  dictadura. Desapariciones, miseria, violencia, tortura y muerte son los constantes actos vivenciales por las que  la sociedad salvadoreña se enfrentaba desde su propia cotidianidad y, a la vez, esto marcó cambios radicales reflejados, de cierta forma, en las actitudes individuales y colectivas. Debido a estos sucesos traumatizantes, se origina una respuesta ligada a las premisas en común de los grupos revolucionarios, formados y surgidos en el seno universitario, deseosos de marcar el cambio que manifestara  los intereses de los sectores violentados y marginados por el sistema de poder. Ante esta situación de desafuero, la obra de Argueta presenta “la historia” de una pareja, Alfonso y Genoveva, sumergida en los vaivenes  existenciales de una simple cotidianeidad, donde la coyuntura amorosa se ve afectada gracias a las constantes desapariciones del “poeta” a lo largo de la obra, debido a su papel de activista, guerrillero,defensor, poeta y universitario. Paralelo a esta historia de amor en tiempos de guerra, la sociedad se vuelca en todos los sentidos contra el gobierno para conseguir la reivindicación de sus derechos. En estos actos, participan el grupo clandestino de jóvenes integrados por Alfonso, “el viejo”, Manuel, Memo, Feliciano, Chentino, Pichón y, en última instancia  Margot y Horm, que ayudan a estos jóvenes para tomarse las posiciones requeridas ante las amenazas de los “lobos” en la amada “zona roja”.

    La necesidad de inscribirse o enrolarse en el grupo libertador llevará a crear nuevas formas de vida para la sustentación momentánea de los combatientes y su anonimato contra el adversario, porque  una vez creado el movimiento social, gracias a las diversas tendencias de proselitismo anticaudillista, su visión de sociedad se verá truncada por la ansiedad de sobrevivencias, producto de su nueva inserción mental liberada de los convencionalismos impuestos y estructurada en las frases o campos discursivos emitidos o escritos sobre determinado conflicto. Estos  campos discursivos poseerán algunas variantes porque estarán mediatizados por el contrato simbólico entre el espacio público, el sujeto emisor y su forma de enunciación en la disociedad, que buscarán legitimar su poder lingüístico, mediante ciertos mecanismos como la parodia, el discurso indirecto libre, las constantes evocaciones  de los recuerdos como lo justifica Alfonso en una ocasión al decir  “tenemos grandes diálogos por la radiografía de la conciencia” (Argueta, 1977, p.15) y las dislocaciones sintácticas del lenguaje para ridiculizar al campo discursivo hegemónico.

    Una de estas primeras manifestaciones en la novela, radica en la conformación de un diario subversivo en respuestas ante los ataques de la Guardia Nacional a través de los mass medias y su deseo de seguir controlando a los estratos sociales mediante la imposición del miedo. Ante tales circunstancias, el grupo de jóvenes revolucionarios escondidos en una casita en las afueras de la ciudad, emiten una nota que es catalogada por ellos mismos como “censurable hasta las cachas” donde atacan a todos los altos estratos de El Salvador, a través de descripciones jocosas y comparaciones irrisorias como los siguientes ejemplos:

    Se descubren en el país restos de animales prehistóricos, todos bien
    conservados… He aquí unos ejemplares con sus nombres científicos, que si bien es cierto no son reconocibles, eso no importa, basta con la descripción:

    Rubenucusrodrigus, animal de grandes proporciones, chelote como indio con bienteveo, le dicen también el zancadillero, pues para deshacerse de sus congéneres no se anda tocando los huevos…

    Sanchusreligiosis, animal trepador, de confidente llegó a presidente y para dónde vas Vicente donde va toda la gente…

    Chambres: dicen que a mostachón molotera le cambiaron nombre. Hoy le dicen Sotero Guirola, porque ha querido meter la ley de transformación agraria; y los afectados por más enojados que estén no le pueden decir en público Cerote Gorila. Editorial Minuto cuatro (Argueta, 1977, p. 72 -74)

    Estos fragmentos muestran la manifestación de un discurso social materializado en un soporte significante que demuestra la opinión pública de un intelectual, representante de un grupo colectivo, ante la situación deplorable expresada anteriormente en la nota, con la diferencia textual de ser una hibridación discursiva al admitir un núcleo invariante en un sistema de variaciones continuas, tal como propone Verón en lo siguiente: “las prácticas textuales deben presentar uniformidad tanto en el medio de difusión como en su propio sentido de discurso natural; si uno de estas reglas no se cumpliera estaríamos cayendo en una invariación discursiva que, aun así,  podría considerarse como válida” (Verón, 1991, p. 27). Ante tal aseveración, las descripciones adquieren el  tono acusador de señalar, en un primer momento, a través de la parodia, las caracterizaciones fenotípicas de los “animales prehistóricos”, “chelote como indio de bienteveo, animal de grandes proporciones, trepador, mostachón molotera”, que son las variaciones continuas por la razón de conducir a través  de la risa, la carga ridiculizadora del sujeto abstracto de la nota, a lo que se añadiría el llamarles “zancadilleros” en vez de asesinos o “trepador” por corrupto para evidenciar ante la colectividad, sin necesidad del escamote, al poder ridiculizado gracias al núcleo invariante del diario clandestino que se considera válido en razón de la forma de aceptación por el campo social.

    Continuando con las observaciones, más allá del sentido burlesco de la nota de Feliciano, el diario también encierra el problema con el sector del campesinado y las continuas reformas agrarias en detrimento de las ganancias para los productores de San Vicente, que al sentirse explotados, se incorporan, posteriormente  junto con los universitarios a la lucha por su autonomía. La suposición de un éxodo rural exigirá un mayor control militar y policiaco (los lobos) que desembocará en verdaderas cacerías contra los revolucionarios para conocer sus puntos de ubicación y reunión. Al cumplirse tales eventualidades, el discurso subalterno que en esta ocasión se mezcló con el carácter subversivo del diario, marca la pauta de la politización del público a través de la “opinión”  “que le permite asumir una comunicación privilegiada con su sector concientizado gracias a la política del poder de la palabra, ya no desde una elite sino desde el lugar de un común” (Foucault, 2012, p 87).

    El común, mencionado por Foucault en la cita anterior, es el intelectual que dada su instrucción, su papel mesiánico cobrará relevancia de acuerdo a los actos de los demás miembros sociales en el contexto de cambios. Más allá de una simple concretización de hechos, la colectividad asumirá determinados roles en contra de los mecanismo de poder que actuarán para desarticular los levantamientos en contra de las normas impuestas. El allanamiento y cierre de la casa donde se reúnen los jóvenes, el arresto del Pichón y Feliciano y sus “misteriosas desapariciones”, las torturas al poeta, los constantes asesinatos a los jóvenes en las protestas, los toques de queda, entre otras acciones, serán las medidas coercitivas que empleará el sistema para apabullar a los jóvenes  universitarios. Ante tales situaciones, el fenómeno social (la guerra) en el plano literario (novela)  cobrará una jerarquía superior al generar procesos de producción de sentidos en el plano extraliterario (realidad) por el grado de repercusión ideológica al que se estaría condicionando.

    Estos procesos de producción de sentidos, son un dispositivo que activan la determinación condicional de los niveles de funcionamientos discursivos al delimitar el accionamiento de las enunciaciones a un nivel más restringido  y utilizarlas como un contradiscurso en respuestas de la primera producción de sentido por parte de los revolucionarios y su comportamiento dada en la interpretación de la nota en el medio en que fue emitida.  Al respecto, Verón (1993) afirma lo siguiente:

    Si el sentido está entrelazado de manera inextricable con los comportamientos sociales, si no hay organización material de la sociedad, ni instituciones, ni relaciones sociales sin producción de sentido, es porque esta última es el verdadero fundamento  de lo que corrientemente se llama las “representaciones sociales basadas en el poder”. Que las formas de estructuración del modo de producción y de las relaciones de producción, que los modos de organización, la naturaleza del juego y los conflictos, que todo ello este determinado por otros factores fuera de las representaciones, cuyos soportes son los actores sociales y su política del poder en cuanto a la construcción social del discurso en la realidad (p.126).

    Los procesos de producción de sentido en la novela, siguiendo lo anterior expresado por Verón, estarán ligados al comportamiento social y al uso que le dé el actor social a su discurso en las relaciones basadas en el poder de su organización. El gobierno en este caso, emitirá un contradiscurso como respuesta a la naturaleza del juego de palabras por parte de los universitarios, donde dicho mensaje tendrá una doble significancia por su condición de reconocimiento  en virtud  de persuadir o amedrentar a la sociedad en general, o en especifico a los insurrectos. Además, para tal acto hará uso de los mass medias (radio) donde la disconformidad  será de parte del lado atacado y del lado protegido al existir un desdoblamiento situado en la destinación y su forma de dirigirse ante tales acontecimientos, como se verá a continuación en el  discurso presidencial:

    Todos nos hemos criado comiendo tortilla con sal, entonces, ¿Por qué tanta alharaca con los pobres? Estamos para que las cosas no se sobrepasen, para cuidar al uno del otro, porque es verdad…que el hombre es el lobo del hombre… Que nuestra benignidad no se preste a confusiones, que nuestra paciencia no sea pretexto para que algunos lidercillos, solo porque han pasado  por la universidad, estén insolentando a los pobres. Déjenlos así, no hay otro remedio, pues entonces tendría que correr mucha más sangre que en el 32. Por otro lado, yo no creo en los universitarios que una vez obtenido el título van a engrosar las filas de los ricos. ¿Les gustaría a ellos que les quitaran lo que ganan con el sudor de su frente, con sus desvelos de estudiantes? ¿Verdad que no? (Argueta, 1977, p.168)

    La inclusión del “hemos”, presupone un colectivo de identificación catalogado en el  deíctico “nosotros” del enunciador al introducirse en “el discurso como creencia presupuesta dada su vinculación con el prodestinatario” (Verón, 1993, p. 135) que en este caso su función sería ambivalente en la formación de un .destinario positivo y un destinario negativo, debido a las formas de dirigirse ante sus receptores. En primera instancia, el enunciante (presidente) parece revestirse de cierto camuflaje o estrategia discursiva al identificarse implícitamente  con su destinario negativo, en este caso los pobres, al mencionar  un enunciado que evoca un pasado inmediato a través del “hemos”, del cual tanto ricos (gobierno, políticos, adinerados) como pobres (campesinos, gente pobre, universitarios) pasaron en una etapa de su vida y aun en esas circunstancias se sentían conformes a su situación en la sociedad. Luego, utiliza una pregunta retórica en tono acusativo al tratar de expresar lo siguiente a través de la interrogación: ¿Si todos hemos sido felices en estas condiciones, cuál es el problema con los pobres? Nosotros, sigue argumentando el presidente, estamos para proteger  a los más indefensos  de los lobos rapaces, llamados luego como los “lidercillos universitarios”, los otros destinarios negativos que en el plano discursivo, gracias a la terminación illos, totalmente despectiva, vienen  a sacar del juego de la enunciación a los “pobres,” y estos pasan a formar parte de los indecisos debido al “discurso de la lectura destructiva  que define la posición del adversario en el plano discursivo” (Verón, 1993, p. 145).

    Al haber una lectura destructiva, el contradestinario (los universitarios)  queda a merced de la opinión del indeciso porque el enunciador hace uso del retoricismo que  sella sus afirmaciones en cuanto a las argumentaciones orientadas hacia su público indeciso (los pobres). Para tal acción, solo menciona lo que el narrador intradiegetico, Alfonso, aludió al comienzo de la obra, relacionado a la masacre del 32 del campesinado, y para terminar de convencerlos en pocas palabras les dice, ellos (los universitarios)  engrosarán a la fila de sus enemigos (ricos) y les quitarán el bocado con sus desvelos, es decir, ustedes (los universitarios) se librarán de un yugo para servir a otro yugo,  poniendo en duda con esta frase a los pobres y sus verdaderos intereses de unión con los universitarios a través del discurso persuasivo. Esta función del discurso persuasivo, según Verón (1993), llevará a los pobres a ser “los paradestinarios por la razón de un supuesto convencimiento”  (p 157).

    El discurso presidencial seguirá causando efectos en el ámbito social porque en una segunda instancia aludirá a otro contradestinario llamada la iglesia, la cual a través de determinadas arengas influye de cierta forma en el modo de pensar de las personas y estos, unidos a los universitarios, buscarán la libertad, no solo de expresión, sino económica. El enunciador político dirá en contra de su destinatario negativo “Respecto a esos curitas nuevaoleros, de nuevo les voy a prevenir, la misión de ustedes no es de este reino, ya lo dijo Cristo, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios; el infierno terrenal no es el campo del sacerdocio, ustedes están para satisfacer necesidades espirituales; para orientar en la vida eterna” (Argueta, 1977, p. 169). Este discurso político evidencia un detén para la iglesia católica y sus respectivas demandas en contra de la injusticia ya que han visto  la explotación del hombre por el hombre o, como había dicho anteriormente el enunciador político “el lobo es el lobo del hombre”, dándole ese matiz irónico característico de los juegos discursivos al haber mencionado esa frase en contra de los universitarios, mostrándolos como  los lobos, cuando en realidad la omnisciencia autorial en la narración deja en claro que los lobos son el gobierno a través de la estrategia del silogismo. En cuanto a la increpación hacia la iglesia, a través de deícticos de pronombres demostrativos como “esos” acompañados del sustantivo en diminutivo “curitas” y el neologismo adjetival “nuevaoleros” contribuirán a la creación de un colectivo de identificación negativo vinculado a su respectiva función en el campo social dejado en claro por el enunciador “ustedes están para satisfacer las necesidades espirituales”;  pero antes, reforzado por la cita bíblica de los evangelios sinópticos “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, evidenciando que el enunciador conoce claramente la Biblia y la utiliza como un mecanismo de defensa y convencimiento ante los demás.

    Y en su parte final, el discurso presidencial mostrará su verdadera intención hacia sus receptores como se verá a continuación:

    Por otro lado cuidamos al país de cualquier agresión extra continental, y quienes  nos quieren distanciar del gran pueblo de los Estados Unidos están muy equivocados; ellos nos ayudan a ser grandes, nos prestan dinero… ¿Creen acaso que habría tantas fabricas sin el valioso concurso de aquel país?. Tenemos camisas de marcas extranjera, ya hacemos la arrow y la manjatan; producimos cigarrillos de marca norteamericana… ¿Entonces que es esa chingadera con los ricos y los norteamericanos?…  que no nos provoquen, no se nos pida sangre, porque si sangre quieren también estamos dispuestos a derramarla por el bien de la patria y del mundo libre (Argueta, 1977, p. 169 – 170).

    Ya  en última instancia, el discurso presidencial presenta una variación orientada hacia la forma  de dirigirse ante el público porque utiliza “el componente descriptivo basado en la constatación” (Verón, 1991, p. 89)  donde el enunciador político describirá los avances del país por la razón de ser un aliado de los Estados Unidos y a la vez producir materia prima que generará intereses de tipo político, al proporcionarles al ejército salvadoreño, armas y dinero para seguir controlando el Estado. A la vez, el discurso articulará aquello que se veía instaurado en los diversos ámbitos de la vida social y cultural al desmontarse, en su mayoría, de la identidad,  debido a la inserción al consumismo y la producción masiva de materiales ajenos a su cultura como los cigarrillos y las camisas extranjeras de procedencia norteamericana. Al final, el tono del enunciatario es amenazador contra sus enemigos al  justificar sus acciones diciendo que lo hacen por “el bien de la patria y del mundo libre” a costa, por supuesto, de los compatriotas, dando el mazazo final estas últimas palabras que incitarán a los jóvenes a la revolución: “No se nos pida sangre porque si sangre quieren estamos dispuestos a derramarla”

    La iglesia, al sentirse violentada por la amenaza declarada por el gobierno en la radio, emite una nota de carácter didáctico según la clasificación propuesta por Verón (1991) al afirmar que “un principio general de orden didáctico se encuentra sustentado al describir una verdad universal” (p. 236), como se constata a continuación en la nota escrita por el Monseñor Aparicio:

    Todo esto hemos visto, lo hemos constatado, lo hemos palpado, en una interminable cadena de abusos e injusticia, con la lamentable y desalentadora complicidad de una prensa atada ante la amenaza económica… La iglesia no puede, no debe, no quiere ser cómplice y a lo mejor en estas líneas quiere dejar constancia de que no fue engañada, mucho menos participe y que, a pesar del lodo que se le quiso lanzar, se mantuvo digna, aunque sacudida, pero no derribada de su pedestal… desgraciadamente tenemos que lamentar que nuestra alma mater, apartándose de su misión forjadora de investigadores, se haya dedicado a la politiquería barata…  Roguemos por todos (Argueta, 1977, p. 163 – 164).

    El discurso religioso en este caso aportará lo suyo en la nota, al pluralizar  las diversas formas de atropello en contra de la ciudadanía, con la diferencia que la “modalidad saber” identificada en el hemos visto, lo hemos constatado, lo hemos palpado” ya no obedece al presidente sino a la iglesia al darse comúnmente lo que se conoce como inversión de mecanismo enunciativos. Dado que la iglesia domina el saber, el principio general funcionaria como un arma en contra del enunciador político, ya desarmado por la formulación de la verdad universal traducida en violación de los derechos humanos. El gobierno al verse en esta situación tratará de desprestigiar a sus opositores al socavar el pasado de algunos sacerdotes y sus escándalos, a través del amarillismo de la prensa (mass media) que es controlado por ellos. Ante tal situación, la iglesia afirma su posición incólume  y se lamenta  por el destino del país (los jóvenes) porque “han caído en la politiquería, donde muchos morirán” (Argueta, 1977, p. 137)

    La iglesia al ser mediadora, sienta las bases para que los universitarios se unan a los campesinos en contra de la dictadura y ambos marquen un nuevo comienzo en contra del gobierno para beneficio de los marginados. Al darse esta unión entre dos grupos, la novela empezará a tener una nueva orientación, tanto estructural como lingüística, porque al estar sometida al fenómeno de la ralentización el discurso de los personajes se convertirá en lo que Foucault llama, el discurso de la naturaleza. Dicho discurso “se concentra en la racionalidad más general que impondría formas idénticas a la reflexión sobre la gramática y la taxinomia en vías de construir la política desde otra perspectiva, la política del poder” (Foucault, 1966, p. 158).

    La novela obtendrá una nueva estructura discursiva sostenida en la taxinomia de los personajes, donde la gramática de sus discursos es la otra estrategia vinculada a las formas de dirigirse hacia la sociedad y de demostrar los malestares por los cuales estaban padeciendo. Dada esta situación de desconcierto, todos los discursos en su mayoría serán discursos indirectos libres, monólogos interiores, conversaciones entrecortadas, evocaciones  para expresar a través de las nuevas formas de dialogar, una rebelión que obedezca a su forma de comunicarse (en claves) contra la dictadura. A esto hay que sumarle, la integración de nuevas giros lingüísticos propios del habla salvadoreña y la unión de juegos de palabras sacadas de corridos, refraneros, cuentos populares, adivinanzas entre otras clasificaciones de literatura infantil. Frente a estos nuevos elementos, la novela cobrará un sentido dialógico donde se desprenderá en tres aspectos bajtinianos muy conocidos, la heterefonía vinculada  a la multiplicidad  de las voces, la heterologia vista aquí como la alternancia de los discursos individuales y la heteroglosia que se evidencia en la inclusión o presencia de los distintos niveles sociales de la lengua. Estas nuevas formas de representación del lenguaje pesaran en la actuación de Caperucita y Alfonso para construir una política del poder desde el interior de su cotidianeidad, que luego se proyectará en las protestas estudiantiles donde la mujer, ya no como una persona condicionada al hogar sino como identidad  autónoma de ejercer actos liberatorios, cobrará preponderancia en la medida que se involucre más a las luchas revolucionarias.

     El papel de la mujer en la lucha universitaria y el desarrollo social

    La mujer en la sociedad centroamericana, especialmente en los países donde se han desarrollado enclaves dictatoriales, ha tenido un espacio preponderante tanto en el ámbito cotidiano como en el profesional. Al expresar que el papel de la mujer en la lucha universitaria y el desarrollo social han tenido impactos significativos en determinadas sociedades afectadas por los problemas nacionales, no solo es manifestar una realidad histórica sino empezar a atribuirle el protagonismo del cual injustamente se le había despojado en el pasado. Este protagonismo empezará a notarse al incorporarse en un primer momento al medio universitario y, posteriormente a las luchas armadas por la libertad de los derechos. Remitiéndose a la novela en estudio, Genoveva, también llamada Caperucita, Horm u Hormiga, es el personaje simbólico que a través de sus acciones y la articulación de un determinado discurso posibilita la construcción de una mujer revolucionaria preparada contra los embates del poder en todas las esferas sociales.

    Mientras tanto, la operacionalización del discurso cotidiano dará las pautas para crear los medios necesarios que de cierta manera contribuirán a la formación de una mentalidad sostenida en lo que Foucault llama sujeto del conocimiento donde expresa lo siguiente:

    (…) el conocimiento moldea al sujeto a través de la ideología formada, gracias a la situación experimentada o visualizada del hecho que sucede en su entorno, pues este genera un tipo de conocimiento que versa en el poder de conocer la situación y tratar de cambiarla. Cuando se habla de poder, necesariamente no tiene porque ser político o elitista, cuando explico sobre el poder, me refiero al conocimiento que hay sobre situación y la forma en que puede ser enfrentada por cualquier persona.(Foucault, 2012, p. 150)

    Debido a este tipo de poder, Caperucita, como sujeto del conocimiento, ejerce un poder desde la interioridad, al sentirse autosuficiente para sobrellevar los diversos problemas que conlleva la ida del poeta contra los lobos en la zona roja, “podés irte con tus amigos… creo que un hijo no va a estorbarme… yo me entenderé de él, deberías agradecerme (Argueta, 1977, p.43) Al pronunciar un enunciado imperativo Caperucita, implícitamente, desde la cotidianidad ejerce el poder al saber que Alfonso se va, no por un gusto sino por marcar un cambio positivo que genere la revolución. Dada su posición, el pasaje muestra como la mujer enfrenta desde una edad muy temprana las durezas de la vida al ser padre y madre, a la vez de luchar por la subsistencia tanto de ella como de su hijo e integrarse a la lucha armada. Esto deja entrever que en las revoluciones, la mujer sostiene la sociedad y marca el cambio productivo a favor del desarrollo civil. Alrededor de ese pensamiento sobre las acciones de la mujer, Argueta evidencia a través del personaje intradiegético, Alfonso, a manera de fluir de conciencia, la concepción sobre cómo se ha construido el país debido a los desafíos que obstaculizan y muchas veces deforman, la imagen de la madre, sustento de la familia y, paralelamente, del país:

    Mamá querida. Oración por todos. Mamá llena eres de gracia. Vendedora de los mercados. Mamá puta. Mama buscadora de tesoros en los cajones de basura. Mama cortadora de café. Mama cachimbona. Mamá descalza. Mamá vergona.
    Cortadora de algodón bajo el sol agrario de la costa. Arrurú, niñito. Día tuyo, día
    muerto de hambre. Mamá suplicadora para que suelten a mi hijo, él no ha hecho nada cállese vieja puta. Mamá buscando entre los muertos. Mamá devuelvan el cadáver de   mi hijo. Mamá hombre, abuela, abuelo, mamá mamá. Tu madre. Buenos días universo entero (Argueta, 1977, p.65)

    El orden del discurso, manifestado en forma de oración irónica, combina elementos del lenguaje de barriadas e ingredientes de la cotidianidad para explicitar los problemas sociopolíticos que afectan no solo al país en general sino en específico a la mujer. De estas circunstancias nace el hecho de  exaltar, en sus distintas facetas, a manera de letanía desacralizada, un discurso donde la figura de la madre como símbolo de una sociedad fragmentada, mitiga y sostiene el desequilibrio, que conlleva a la marginalización y desigualdad. Con las múltiples tareas y roles asumidos en el transcurrir de su existencia, tal como afirma  Ítalo López Vallecillo (1981) “nos descubre” al país en el andamiaje matriarcal (…) la mujer en el Salvador, madre desde los catorce años es base integradora de la familia. Hace los trabajos más duros, ella soporta el parto, la crianza y la responsabilidad del hijo. ¡Qué condición más triste al ser subordinada, relegada y sobreexplotada!” (p. 9). Al respecto conviene decir que lo anterior expuesto por López  Vallecillo integra bajo un enunciado  revelador, la opresión del poder oligárquico y las condiciones deplorables de los países centroamericanos ante las eventualidades surgidas durante los años setenta y ochenta, donde la principal víctima fue la  mujer sufrida no solo de El Salvador sino de todos los países oprimidos por la dictadura. Ante esta situación, el sujeto maltratado y oprimido, responde a lo expuesto por Foucault relacionado al poder donde explica lo siguiente:

    El poder no solo se evidencia en la política y sus ramificaciones. El poder tiene otros tipos de manifestaciones sustentadas en las relaciones de explotación o en términos diferentes, producción. Las personas ligadas a esta forma de opresión no son mero reflejo y expresión en la conciencia de las relaciones de producir, sino que tienen una fuerza configuradora. Esto es sin duda que el poder no es fundamentalmente represor o anulador, sino productor y a veces el poder radica en el explotado. (Foucault, 2012, p.233)

    Al llegar a este punto argumentado por Foucault sobre la forma de concebir el poder, se patentiza una idea donde la lógica de la producción entra a colación para demostrar que el poder no es necesariamente de las clases elitistas, también lo es del sector obrero o explotado. Desde esa nueva faceta se explica la conformación de un poder centrífugo más no centrípeto al ser el proletariado aquí, desde la perspectiva de Foucault, el grupo mejor conformado,  y con más impulso porque tiene una profunda vinculación con el deseo y la creación, generando una revolución bajo un mismo ideal. Por lo tanto, la esencia del hombre no es el trabajo sino el poder que lo convierte en fuerza de trabajo. Ante este sometimiento o representación de poder de carácter negativo se originará la resolución, el surgimiento de una visión idealista sustentada en aquella frase de la unión hace la fuerza en el cual, tanto campesinos, estudiantes universitarios, hombres, distintas instituciones, pero sobre todo mujeres, forman un conglomerado para defender sus derechos, constituyendo un poder positivo a favor de la libertad. Esto es precisamente lo acontecido en la novela en estudio, donde se observan y vinculan las distintas prácticas sociales a la mujer, sea desde la clandestinidad al cuidar e inculcar hijos con actitudes revolucionarias o desde el espacio universitario al participar en las marchas o brindar puntos de vistas sobre los sucesos acontecidos, o, en pocas ocasiones, desde el espacio bélico al ofrecer su vida por  amor no solo a la libertad sino, por la patria.

     El carácter referencial de la obra

    La novela, Caperucita en la zona roja (1977), gira en torno a los regímenes propuestos por Genette como son el constitutivo y condicional, donde ambos impregnan al texto de “características que permiten potencializar las intenciones y tradiciones genéricas de referencialidad o la apreciación estética, en muchos casos subjetiva, del lector” (Genette, 1991, p. 34). El primer régimen opera como punto ineludible de referencialidad, aunque a esto haya que sumarle la clara manifestación de Elocutio al incluir en la novela, marcas de dicción, figuras o símbolos de pensamientos tomadas de otros textos literarios, al aclarar cómo se fortalece o desvirtualiza determinada historia al momento de acoplarla con el discurso literario. De manera que la figura de Caperucita con todos sus referentes infantiles, se reescribe e inserta en un ambiente conflictivo latinoamericano para evidenciar de manera irónica y cargada de ludismo, “un juego” de poderes, donde los lobos (la oligarquía) acechan en el bosque (El Salvador) a los seres que lo habitan (las clases obreras). Es en esta parte donde el nombre Caperucita (la mujer) cobra relevancia al estar no solo revestida de peligro sino vivir en el constante peligro; de ahí el título en la zona roja, donde también es la zona del amor, del encuentro y los recuerdos presentada en la mayoría de veces con ciertos rasgos de poeticidad,  pues Genette (1991) afirma “que casi siempre estos regímenes se cruzan para formar el tratado de literariedad” (p.89). El segundo régimen es la apreciación estética del lector, donde él analiza la obra y emite su juicio, algo similar como se hizo líneas anteriores a este enunciado.

    Todos esto expuesto tiene su referencia en la historiografía salvadoreña al exponer en el texto, en unos de los recuerdos de Alfonso la muerte de su padre en un levantamiento que hubo porque los “campesinos fueron a saquear las casas de los ricos que tenían acaparado el maíz” (Argueta, 1977, p. 33). El hecho se encuentra fechado el 31 de Diciembre de 1931 en Sam Miguel, donde arremetieron contra “los líderes del grupo de campesinos, estos eran, Farabundo Martí y los estudiantes Mario Zapata y Alfonso Luna” (Fonseca, 1997, p. 22). Respecto a lo anterior, se observa como Argueta utiliza de referente el suceso del levantamiento para detonar la trama de la obra y darle una coherencia ligada a la historia reciente de El Salvador. También, designa al personaje con el nombre de Alfonso y le brinda todos los atributos para ser el héroe que luche por los ideales de los necesitados. En otras partes del  texto Caperucita…sobre todo en la Zona Roja y Otra vez la zona roja, se evocan distintos pasajes que matizan la geografía urbana y de combate donde se desarrollan los principales altercados, San Miguel, Suchitoto, el Seguro Social, La avenida universitaria, el parque central por mencionar algunos, que activan el imaginario colectivo donde los problemas sociales son los principales deformadores hacia la patria ofendida. También aparece un personaje en la zona roja que llama mucho la atención, su nombre es Carlos Fonseca y pueda ser un referente social de libertad que aluda en cierta forma también a la dictadura de Nicaragua, demostrando Argueta el principal mal del siglo XX, las oligarquías, principalmente en Centroamérica

     Conclusión

    Finalmente, el texto de Argueta refleja una realidad no muy lejana de los países periféricos donde las dictaduras han sido los principales inconvenientes de las clases sociales, pero al igual que en el poema “Masa” de César Vallejo, el cadáver echó a andar y el pueblo se reveló formando una política del poder foucultiana, no propiamente de la clases hegemónicas sino del proletariado, residiendo la fuerza en la capacidad de la mujer. Al ser un bosque de discursos, Caperucita en la zona roja exterioriza contrariedades expresadas en el lenguaje donde la práctica social y discursiva expresa las sobrevivencias en una sociedad sumamente compleja donde el poder no reside en un sujeto, sino en las distintas relaciones que ese sujeto pueda tener. De esta manera, el texto evidencia el amor en los tiempos de guerra, donde la esperanza y la capacidad de lucha serán tanto para Alfonso y Caperucita como para los jóvenes revolucionarios la causa de ser en esta “cárcel de asfalto”. Por esta razón, el texto puede permanecer vigente aún y alzarse como un referente de todos los jóvenes revolucionarios desaparecidos por las luchas intestinas a favor de la libertad y equidad social. El punto es “¿acaso desapareció la zona roja, acaso el terror y el amor no siguen tentando, acaso es necesaria la clandestinidad para que la vida nos revele en lo que tiene de anacrónica, en lo que tiene de promesa? ¿Acaso ya no hay lobos en la zona roja?”

     

    Referencias bibliográficas

    Acevedo, José (1993). La sociedad como proyecto: en la perspectiva de Ortega. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

    Argueta, Manlio (1977). Caperucita en la zona roja. La Habana: Casa de las Américas.

    Class, Joaquín (2008). El intelectual y el sujeto testimonial en la literatura latinoamericana. Madrid: Editorial Pliegos.

    Fonseca, Elizabeth (1996). Centroamérica y su historia. San José: EDUCA.

    Foucault, Michael (2012). El poder, una bestia magnífica. Sobre el poder, la prisión y la vida. Buenos Aires: Mandius.

    Foucault, Michael (1966). Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias humanas. Paris: Gallimard.

    Genette, Gerard (1991). Ficción y dicción. Barcelona: Lumen.

    López, Ítalo (1981). Caperucita en la zona roja. Prólogo. San Salvador: UCA Editores.

    Sommer, Doris (2001). Mentiras De Las Casas y otros juegos del lenguaje. La controversia de Rigoberta Menchú. Minneapolis: Universidad de Minnesota.

    Verón, Eliseo (1991). Los medios en recepción: desafíos de complejidad. Barcelona: Ed. Gedisa.

    Verón, Eliseo (1993). La semiosis social: Fragmentos de una teoría de la discursividad. Barcelona: El mamífero parlante.

     

    [1] Docente en Preparatoria Nocturna UNAN-Managua e INTECJO/ Miembro corporativo de la directiva nacional Junior Chamber International (JCI-Nicaragua)

     
     
 
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