ARTÍCULO COMPLETO

  • Managua, Salsa City y Noche de piedras: Dos textos contiguos de la Narrativa Postmoderna Centroamericana

    June 15, 2015 en

    Dr.  Iván URIARTE

    Doctor en Literatura hispanoamericana.

    Docente en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y tallerista literario.

    Ha publicado diversos trabajos de crítica literaria

    y ha obtenido premios por sus obras de creación literaria.

    poetauriarte @gmail.com

    La cité, la cita, die Stadt, the city, ha sido, desde sus inicios, desde los primeros trazos de Vitrubio, la raíz explorativa de la novela, bien se trate de Petronio, de Restif de la Bretonne o Sebastien Mercier, arco voltaico que ya nos introduce en la ciudad como tal preludiando Los misterios de París de Eugene Sue, La Fille au yeux d’or de Balzac, uno de los más extraordinarios textos que he leído sobre el despertar de una ciudad, una ciudad con puertas, como era el París que el gran novelista todavía logra incorporar a La Comedia Humana. Vasto y apasionado tema: el corazón de la novela misma. Esa ciudad que el exiliado Constantinos Petros Cavafis había cantado con nostalgia sentimental e irredimible, y que Henry James había arrastrado como una tara de la modernidad próxima en todas sus novelas, búsqueda que parece perceptible en todas sus dimensiones en The Wings of the Dove (una novela que oscila casi cinematográficamente entre Londres y Venecia).

    En la modernidad de la novela hispanoamericana, la ciudad que persiguió a Cavafis, (“No comprendes que si has echado a perder tu vida en esta ciudad / la hubieras arruinado en cualquier parte”) se reveló en su total integridad por primera vez, en La región más transparente; y en Rayuela, donde el fantasma de la ciudad por excelencia, París, se confunde con Buenos Aires a través del tablón tendido entre las ventanas de  dos edificios en Buenos Aires misma. Estos dos grandes textos coartan la aventura, la huida de la ciudad planteada por la novela de la tierra  que va de Don Segundo sombra  a La vorágine y Doña Bárbara, para fincarnos en una modernidad literaria que se posesiona definitivamente de la urbe.

    Sirvan estas líneas introductorias para referirme a dos textos de la posmodernidad narrativa centroamericana: Managua, Salsa City (Universidad tecnológica de Panamá, 2000) del guate-nica Franz Galich (l95l- 2002), y Noche de Piedras  (Ediciones del pensativo, Guatemala 2002, segunda edición) de otro guatemalteco, Rodrigo Rey Rosa ( l958).  Dos novelas cruzadas topológicamente, pero coincidiendo en el cronos. Ambas publicadas en el despertar del milenio y planteadas como viaje, descendimiento y exploración de reales inframundos: Managua  City y Guatemla City, pero no como reza en las guías turísticas internacionales que los viajantes por estas tierras llevan apretadamente bajo el sobaco, sino dos pesadillas contemporáneas, dos fenómenos citadinos, dos contrapuntos escritos por dos guatemaltecos, como si en verdad se tratara de una ciudad con dos caras, donde se muestra lo nocturno de una y lo diurno de otra.  Ciudades peligrosas que para atreverse a escribir sobre ellas hay que volver  los pasos sobre Restif de la Bretonne en sus Noches de París, el cual se dedicó, antes de escribir su extenso texto, a conocer las entrañas nocturnas de la surgiente urbe, haciéndose incluso amigo de policías y nocherniegos vagabundos. Y Eugene Sue, que se disfrazó de mil maneras para penetrar con toda su intensidad a la ciudad que ocultaba sus secretos a todos los paseantes, para así explorarla y poder revelarla con un conocimiento de causa que se proyectara más allá de la mera imaginación creadora, ilimitada, pero no fehaciente ni precisa.

    Sin lugar a dudas ambos textos no son producto de la mera imaginación, sino que están vinculados a una exploración personal que les confirma la perennidad de la ciudad como fenómeno narrativo visto desde el ojo de un  oculto narrador, sin importar durante la exploración el punto de vista o los procedimientos narrativos que definitivamente son los que hacen el texto.  La ciudad no puede inventarse: es una prisión que seguirá al narrador a donde vaya como en el poema del gran poeta griego exiliado en Alejandría.

    Dos breves textos de gran intensidad por su mirada profunda al fenómeno social de descomposición que a diversos niveles ambas ciudades atraviesan. La mirada introspectiva de Galich es nocturna, lotromoniana desde un lenguaje lumpenesco, desencadenado atrozmente cada vez que el texto avanza.  La de Rodrigo Rey Rosa, aunque diurna, es cuestionadora de la historia sobre la cual la ciudad ostenta su modernidad: la Avenida Las Américas (centro convergente de los sucesos acaecidos en la novela) construida sobre tierras confiscadas a los indígenas mayas (ancestros), cínicamente condenados a trabajos forzados para construirla- como lo demostró  y denunció en toda  su extensión  La  patria del criollo-, y Rey Rosa señala también todas las lacras geográficas de una ciudad construida sobre la humillación, el sometimiento y reducción de los verdaderos dueños de la tierra, condenados a sobrevivir en los alrededores con sus hijos convertidos prematuramente en delincuentes, huele pegas y marginados. Dos novelas terribles, dos textos sonámbulos, uno  diurno, Noche de Piedras, y el otro, Managua, salsa city, sumido en una nocturnidad que se vuelve confrontación histórica de contras y sandinistas.

    Paso a señalar que estos textos, escritos casi simultáneamente, marcan dos momentos distintos y similares: el regreso de Rey Rosa a Guatemala después de su estancia en Marruecos, y el descubrimiento de Franz Galich de una Managua nocturna que ya había venido asediando desde su libro de cuentos, En este mundo matraca, sobre todo  por el deslumbramiento de un lenguaje  idioléctico desde el mercado oriental y proliferado en todos los barrios marginados de la urbe.  Dos textos que al cruzarse se encuentran, escritos desde el mismo ángulo de una posmodernidad del lenguaje sin cederle un ápice al texto light que significa hoy el desfase de los programas confrontativos de  las vanguardias literarias. Ambos arremeten con un lenguaje que transgrede la estilística del texto literario para escolares o lectores temerosos de un escaliche que conocen y toleran,  y que simulan no conocer en absoluto, pero que consienten más allá de la indiferencia. Dos visiones que corresponden a dos realidades no aisladas sino unidas en su marginalidad mil veces disfrazada y escamoteada.

    La novela de Rey Rosa, en el uso del lenguaje, parece más formal que la Galich que agota todas las formas marginales de abordar el texto narrativo.  No obstante a esa aparente diferencia, ambas coinciden en demoler la pirámide social en la que entre los de abajo y los de arriba no hay más diferencia que la marginalidad de los de abajo y el éxito y ascenso de las clases políticas y empresariales, sin más identificación que la vestimenta y  simulación de un lenguaje que el ejecutivo, político o banquero controla y manipula, pero no así el antiguo miembro de la seguridad lleno de rencor por saber a ciencia cierta cómo se han enriquecido los que pretenden haber llegado honestamente a las  cimas del poder.  Novelas sin cumbre, pirámides truncas, donde la base social está tan falta de valores como la parte de arriba,  y que son los que legislan, ordenan y se erigen como patrones incólumes de una sociedad fangosa, dominada por  el ansia de riquezas y poder, igual que la delincuencia de abajo. Infiernos tropicales maquillados en las guías turísticas.

    Ambas novelas coinciden en develarle al lector la podredumbre social desde todos los aspectos: los delincuentes de arriba y los de abajo.

    Noche de Piedras es un texto breve, compuesto de un prólogo y un epílogo. El prólogo nos introduce de romplón a Guatemala City:

    Guatemala, Centroamérica.

     El país más hermoso, la gente más fea.

     Guatemala. La pequeña república donde la pena de muerte no fue abolida nunca,  donde  el linchamiento ha sido la única manifestación perdurable de la organización social.

                                                Ciudad de Guatemala. Doscientos  kilómetros cuadrados de asfalto y hormigón (producido y monopolizado por una sola familia durante el último siglo ).

    Prototipo de la ciudad dura, donde la gente rica va en blindados y los hombres de negocios más exitosos llevan chalecos antibalas. (Pág. 9)

     El personaje central, si es que hay alguno, Joaquín Casasola regresa a Guatemala después de muchos años de ausencia.  El reencuentro sórdido con su ciudad se produce el día del ejército, día de asueto y fiesta, y los sucesos que lo reciben, así como la experiencia del encuentro, lo obligan a marcharse del país “para siempre”, como le confía a Elena, una prima periodista, a la cual intenta seducir y llevársela a España, donde reside. La novela se construye alrededor de un incidente que indirectamente afecta a Joaquín Casasola: un primo de él, entrando a la ciudad, en una intersección de la Avenida de las Américas, atropella a un niño que cabalga un caballito de alquiler. El primo de Joaquín, Armando huye, entre otras cosas, porque le lleva a aquel un buen moño de marihuana de Cobán, su lugar de origen. Surge un inspector, Rastelli, detective privado contratado por la madre del niño, a través del cual advertimos que Guatemala city es un emporio de espías, soplones y matones. Mientras los hechos se embrollan cada vez más aparecen orejas por todas partes, ya que hasta los niños vagabundos, son sensibles espías que dan información de todo.

    El discurso crítico, que vertebra el texto, está dado desde la conciencia y voz del narrador, que desde el comienzo, advierte y guía distantemente al desarraigado Casasola. Todo el texto en una trama que no nos lleva  a ninguna parte y es velada excusa para desmontarnos la violencia real en las calles, subyacente a todos los niveles. El prólogo en este sentido es iluminatorio de la ciudad a la cual regresa Joaquín Casasola y las advertencias que el narrador hace a este, como guía en el descenso a la ciudad, en ese día siniestramente festivo,  el día del Ejército, son para que no lo tomen por un extranjero nuevo o gachupín, lo que realmente es:

                                            No digas automóvil, tampoco coche (coche aquí, dícese del puerco), sino carro; tu teléfono no es móvil sino celular; en las paredes aparecen pintas, en lugar de graffiti; una copa es un trago; la resaca, la cruda o el guayabo se llama, en Guatemala, goma. Para subir al décimo piso de una “torre”- estás en el sector privilegiado- tomas el elevador. (Pero hoy no funciona). (Pág.l0)

     Continúan las advertencias:

                                           En las paredes de algunas casas de lujo, coronadas con rollos de alambre de púas, se lee: Buda hueco (homosexual); Piedras encantadas (es el nombre de una temerosa pandilla infantil); Satán vive, Gerardi – mártir local de la memoria histórica- ha muerto. (Pág. 10)

                         Los sitios edificios y avenidas de la ciudad son constantemente comentados y aclarados por el narrador. Así cuando el inspector Rastelli desciende una avenida, el guía nos aclara (pág. 61).

                                            El inspector hizo virar lentamente su viejo BMW y salió del estrecho carril del cajero automático del Banco del Ejército, mientras se inclinaba sobre el asiento del copiloto para esconder en el forro de    la portezuela, donde guarda también un arma de fuego, el fajo de billetes que acababa de contar. Bajó por la sexta avenida hacia el bulevar Liberación, (conmemorativo del derrocamiento del primer intento de gobierno demócrático del istmo ) para desembocar en la Avenida del de Hincapié. Dobló hacia las Américas: nuestra Avenida de las Américas, “que no tenía que envidiar a su homónima  neoyorquina” (ja,ja). Para el Inspector, las Américas aludía también a la famosa Escuela de las Américas, en Carolina del Norte, donde algunos  de los militares guatemaltecos más sanguinarios de la historia reciente habían recibido instrucción especial de técnicas de penetración en la sociedad civil, lavado de cerebros y tortura.(Pág. 61)

    Comentarios de esta clase salpican el conflicto narrativo, que cada vez se complica sin resolverse:

                Ciudad de Guatemala, ciudad policial.

     Por un motivo o por otro, decenas de miles de guatemaltecos participaban en el oscuro negocio de la información. Cualquiera de tus amigos o conocidos era o podía ser “oreja”.  (Pág. 62)

    Las bandas de niños, llamados “piedras encantadas” en el texto, parecen dirigidas por Golden Shower (“porque solía orinarse en las manecillas de las portezuelas de los automovilistas que no le confiaban sus vehículos “ ), y el Esponja:

                                                         El Esponja, un niñito mal nutrido de ojos zarcos y piel clara y pecosa, debía ser uno de los miembros más jóvenes de la vasta cofradía de soplones guatemaltecos, en la que la mayoría de los cofrades no se conocían entre sí. Tendría, como mucho, cinco años; era hiperactivo y malicioso. (Pág. 64)

    Rastelli mismo, compinche de los niños, se ve imposibilitado de proteger al Esponja que lo acompaña a un supermercado, en tanto que informante, cuando este se ve amenazado por un gorila empistolado, a quien el niño había hecho indirectamente una fechoría:

                                                          Rastelli tuvo que reírse, pero estaba alarmado. Este hombre (había que verle el bulto bajo la camisa ) era un matón; uno de esos pistoleros a sueldo que en los tiempos de vacas flacas ajustaban sus ingresos con una o dos muertes suplementarias. (Pág. 65 )

    El título de la novela parece desprenderse del nombre dado a la banda de niños, “Piedras encantadas” y a la petrificación moral que el protagonista, en un diálogo final con Elena, su prima, parece sufrir.

    Managua salsa city, texto de similares dimensiones a Noche de piedras, está también compuesto de un prólogo y un epílogo, aunque expresamente el autor no los haya marcado con letra cursiva.  Este prólogo y epílogo nos da el tiempo de la novela: de la 6 p.m. a las 6 a.m.: 12 horas, o sea la mitad del tiempo que Casasola logra resistir en Guatemala. La Managua nocturna es un caldero crepuscular que releva, de algún modo, la  tenebrosa diurnidad de  la otra cara de la cara city de Guatemala:

    A las seis en punto de la tarde, Dios le quita el fuego a Managua y le deja la mano libre al Diablo. El reloj de Dios es de los buenos pues nunca le falla: todos los días, a la misma hora, baja un poco la brasa del calor (como quien dice le pone la brasa en la mano, pero más bien ha de ser en el cheto porque hasta los cojones se le cocen a uno en Managua y las mujeres cargan el horno entre las piernas -por eso venden cosa de horno, ¡vas a querer, mi amor!) y entonces, como por arte de mi…arte, que es lo mismo que la magia, de no se sabe dónde, empiezan a salir  los diablos y las diablas. (Pág. 1)

     La historia de Pancho Rana y la Guajira, personajes principales de Managua, salsa city, en su correrías nocturnas por los bajos fondos de Managua, nos es dada como un pretexto, y los hechos que culminan con la muerte de la mayor parte de los lumpenescos personajes que la componen,  no  son más que un pastiche cinematográfico, cuyo único objetivo es haber llevado el lenguaje de los bajos fondos a sus extremos.

    Pero esta nueva clase delincuencial que sufre las secuelas de una guerra a la que sobrevivieron, es el verdadero drama lumpenesco que Galich quiere mostrarnos sin reservas. Su lenguaje es la descomposición misma de la sociedad en la cual están insertos, y ello no son más que víctimas, que de un lado o del otro (sandinistas o contras) lucharon para que otros accedieran y se enriquecieran en  vertiginoso ascenso al poder político, invariable siempre en el conflicto político contras y sandinistas.  Las mismas caras de la moneda en ascenso o en descenso al mundo del crack, la marihuana, el alcohol, la prostitución, el robo, el crimen.

    La Managua de noche es un hervidero de violencia que el narrador en su prólogo trata de explicarnos. Es el inicio de un acto demoniaco que se inicia con la puesta del sol, para dar lugar al surgimiento de las sombras.

    El infierno del día anuncia y prepara el infierno de la noche: y dentro de este clima surgen los personajes nocturnos; también la confesión nihilista, producto del engaño y desencanto sufridos por la dura lucha de aquellos años de mística e idealismo:

                                                       …voy a tener que pegarme mecha porque me les tome todo el bar, el guisconci, rones, cervezas y vinos. Aunque eso no mucho me gusta, pero me los tapinié con los majes aquellos, con los que estuvimos en el monte, en el servicio… (Pág. 6)

     Managua salsa city y Noche de piedras son dos textos contiguos, dos cuerpos enfermos que reciben el toque rectal de la escritura, tal vez para despertar la conciencia del lector adormecido que ignora en que brasero vive, en que nidos de orejas y soplones se desenvuelve su vida. Ninguno de estos dos textos vislumbra una salida a una sociedad donde los anti-valores de las clases altas se traducen en violencia que surge desde sus propias raíces. La siniestra celebración del día del ejército en Noche de piedras, no es más que un homenaje al genocidio, a los operativos célebres de Tierra arrasada, donde aldeas enteras de indígenas fueron cercadas a fuego y balas, sin rastros de sobrevivencia alguna.  Ahora bien, si con la noche adviene la abertura del crimen y la violencia bajo los efectos de la droga y el alcohol, al amanecer cuando Dios le amarra las manos al Diablo, comienza el despertar de la ciudad, la ciudad con dos rostros, con dos infiernos rotantes que se confunden, que se vuelven una misma salsa infernal:

     Eran las seis en punto de la mañana. Dios volvía a ponerle la llama a Managua y le amarraba nuevamente las manos al Diablo, Diablos y diablas volvían a sus madrigueras después de una vertiginosa noche. Los que habían descansado de noche, sumidos en los sueños y la locura de las ansias por tener algo, salían a las calles: unos a trabajar en las oficinas. Otros a las fábricas, otros a las entrañas del gobierno y los más, a vivir de la caridad, el robo o la estafa. La luz ganaba las calles. El bullicio y la acción se instalaban de nuevo como signo de vida, y eso era lo importante: estar vivos: / En mi cama nadie es como tú… ¡Devórame otra vez!  (Pág 90).

    La narrativa centroamericana se encuentra en una etapa cuya posmodernidad quizás sean los vasos comunicantes burbujeantes señalando desde ángulos distintos las mismas lacras que nos atosigan, y que si el escritor no las señala, el periodismo cómplice tampoco lo hará nunca. Toda gran literatura siempre ha desmontado los mecanismos  que las clases dominantes quieren ocultar, o tapar con tierra como si  se tratara de la ñaña de un gato.  Noche de Piedras y Managua Salsa City son una muestra de ello.

    Descargar archivo en .pdf

     
     
 
hd film izle