Relación entre el “Recuerdo celeste” de Pitágoras y “La prisión corporal” de Rubén Darío en Cantos de Vida y Esperanza

Por Dallana González

Referirse a la influencia o concepción filosófica, religiosa o esotérica en Rubén Darío, es profundizar en un amplio canon, ya que, tal cual lo ha expresado frecuentemente la crítica literaria, posee un sincretismo ideológico que muta a lo largo de su obra y que algunos sectores lo interpretan como contradicciones y otros como eclecticismo. Darío no fue influenciado por una corriente en su totalidad, ya que retoma de diversas ramas puntos particulares, algunas veces de forma precisa,  otras contraria o simplemente las elimina y evade. Sin embargo, este trabajo se centra en un punto que se hace constante en la obra y por ende se puede generalizar y afirmar que existe una relación entre el recuerdo celeste profesado por la escuela pitagórica y la obra Dariana, especialmente en Cantos de Vida y Esperanza.


Primeramente, el recuerdo celeste o “le souvenire ceste” es un término creado por Edouard Shouré (1889)para referirse a la idea pitagórica de que el alma encarnada, conserva memoria de la libertad gozada en ámbitos superiores antes de someterse a un cuerpo tridimensional,  y se manifiesta en los seres humanos, como nostalgia o búsqueda de estados más sutiles como felicidad, paz, unicidad entre otros. En otras palabras, el alma se siente aprisionada en un cuerpo humano limitado por leyes físicas, lo que conlleva a una inadaptabilidad al entorno y por ende depresión, tristeza o  dolor  no son más que deseos de la misma por regresar a su inicial condición libertaria. De no existir tal fenómeno, el ser humano no anhelara su desarrollo evolutivo, de ahí la concepción, no solo pitagórica, de la transmigración de las almas en pro de purificarse a lo largo de eras.

Ahora bien, dicho recuerdo celeste se traduce en la obra Dariana como un aprisionamiento corporal que se refleja primeramente en la alusión a lugares cerrado como cita el primer poema del mismo título,  el cual nos remite a jardines, torres, lagos, que si bien son espacios amplios, tienen límites, de igual modo a través de verbos como “encerrada”,  y de forma más explicita en versos como “en mi jardín se vio una estatua bella;/ se juzgó de mármol  y era de carne viva”, en dicho verso se utiliza una antítesis para aludir a carne como elemento vivo, animado, en oposición a mármol como mineral, materia, por tanto humano,  el mismo texto cita: “tuve hambre de espacio y sed de cielo/ desde las sombras de mi propio abismo” el hablante lírico desea espacio, libertad al sentirse preso en sí mismo. También en “Divina Psiquis” el Yo origo conserva la recurrencia del encierro en versos tales como: “prisionera vives en mí de extraño dueño”, “te sacudes a veces entre imposibles muros”, “…y encuentras sombra y duelo”, en ellos se refleja una inadaptabilidad tanto del alma que no acepta al cuerpo, como del cuerpo que no acepta al alma. En “El soneto de trece versos” el tema es aún más literal “el alma que ha olvidado la admiración, que sufre/ (…) anida en un nido de topos. Es manca. Está tullida” es decir, el alma que ha perdido su ambiente divino, su conexión con un mundo superior, es un alma incompleta y por consiguiente, el cuerpo habitado sufre. Es ahí, la constante búsqueda de armonía, luz, fuego, música, agentes símbolos de niveles superiores.

A la vez, Darío logra una comunicación con “el recuerdo celeste” del imaginario colectivo pues “sufre con las angustias del corazón del mundo”, es decir, logra conectarse con lo que los círculos esotéricos, por ejemplo la teosofía, llaman “tejido cósmico” es decir, la idea de que todos los seres humanos se conectan por conductos de energía etérica, por los cuales se accesa consciente o inconscientemente. Darío accede y percibe ese encierro grupal “en un pozo de sombra la humanidad se encierra” (Canto a la esperanza),  “Brumas septentrionales nos llenan de tristeza, se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas/ casi no hay ilusionea para nuestras cabezas/ y somos mendigos de nuestras  pobres almas” (Los cisnes).  De igual manera en “Ay, triste del que un día”, alude la unicidad con toda vida, en la cual la especie humana recepta la consciencia elemental (alusión a flora y fauna) y puede así comunicarse con las diferentes “monadas”, Darío para ello recurre a una personificación aparentemente inocente “Lo que el árbol desea decir y dice al viento/ y lo que el animal manifiesta en su instinto, cristalizamos en palabra y pensamiento”, a la vez  reconoce en “Filosofía” un encierro desde una perspectiva panteísta, de una presencia divina no solo en los seres humanos, sino en todo “Saber ser lo que sois, enigmas siendo formas”, véase de nuevo la oposición que hace, de enigma como algo del cual no se puede fijar dimensiones ni límites contrario a la forma, dicha condición genera dualidad. Dicho fenómeno coincide con la primera oposición (límite-ilimitado) que plantea el pitagorismo, así como diferentes escuelas filosófica como el orfismo, el zoroastrismo, entre otras,  llamada “la lista de los contrarios”, la cual refleja que los contrastes de la naturaleza  tienen un efecto en  los seres humanos, pero no desde un punto de vista caótico, sino como Conrado (2000) explica “No necesitan de  armonía, las cosas semejantes ni las congéneres sino las que son desemejantes, de distinto género y velocidad. Tales cosas deben se conectadas estrechamente por la armonía, si han de mantenerse cohesionadas en el mundo” (p. 181). Sin embargo, Darío no adquiere, al menos en Cantos de Vida y Esperanza, como pensamiento tal noción, de la armonía como el resultado de elementos opuesto, más bien son tales contradicciones las causantes de confusión en el poeta, de las cuales desea liberarse.

Darío a la vez busca restablecer su recuerdo celeste, por lo cual retoma ciertos aspectos propuestos  por  los pitagóricos entre ellos: la música, el arte, el amor (aunque no tan representativo en Cantos de Vida y Esperanza) y ciertos componentes del ethos pitagórico. En cuanto a la musica, existe una larga tradición esotérica, la cual incluye a la escuela en mención y matemáticos como Galileo, Kepler, Newton, entre otros, de la teoría “La música de las esperas” la cual sostiene que todo cuerpo celeste, especialmente los planetas, emiten tonos musicales los cuales varían a razón de las proporciones de sus orbitas alrededor del sol. Darío en el poema “Helios” hace referencia  a la orbita del astro por toda la tierra, la cual a su paso estimula vibraciones en todos los átomos de la naturaleza generando música “atrás se queda el trémulo matutino lucero,/ y el universo versa de su música activa”, de ahí que lo llama “ruido divino, ruido sonoro” y por lo tanto su acción hace que “el emperador de las tinieblas se hunde y cae”, lo que equivale al cese de toda condición impura y por ende  genera vida “… y la caña de Pan se alza del lodo;/ la eterna vida sus semillas siembra,/ y brota la armonía del gran todo” (Canto de Esperanza). Aristóxeno o Aristógenes de Tarento (354-300 a.c.) expresó que los pitagóricos purificaban el alma por medio de la música, recordemos que ella formaba parte de la llamada triúnica chorea que comprendía además la danza y la palabra. Con la música el alma, según la creencia, se desprendía momentáneamente del cuerpo, lo cual proveía una purificación corporal, pues sostenían que al alma se entraba en contracto por medio del oído así como por el resto de sentidos, de ahí el fenómeno sinestésico recurrente en Darío como medio de purificación sensorial.

En cuanto a la purificación por medio del arte según Tamburo (1981) “Para  Darío el arte (que es sinónimo de luz) es instrumento y manifestación del Alma en la tierra y esta descripción recuerda inmediatamente el Alma pitagórica que está bañada de y sostenida por la luz” (p.24) y agrega “En la obra de Darío el empleo de las metáforas de luz es un constante directa e identificado con el inseparable de la búsqueda de la armonía en el sentido pitagórico” (ídem). Por lo tanto, la recurrencia a la búsqueda de la luz, armonía, la forma entre otros, no son más que deseos consientes o inconscientes de retornar al estado divino. A su vez, el poeta usa el artificio poético para purificarse tal cual refiere en “Cantos de vida y esperanza”: “Sí hubo áspera hiel en mi existencia, melificó toda acritud el Arte”, y en el mismo texto agrega “Vida, luz y verdad, tal triple llama/ produce al interior llama infinita;/ el Arte puro como Cristo exclama:/ Ego sum lux et veritas et vita”, el Arte (en mayúscula) equivale al camino para conectarse con la divinidad ya que son una misma esencia.

Existe un fenómeno místico de referencia purificadora que está implícito en dos textos “Los tres reyes magos” y “Pegaso”, en el cual uno refleja ser la continuación del otro. Primeramente, en el primero refiere a tres seres (Reyes Magos) recordemos el misticismo del número tres presente en muchas religiones y doctrinas, sin embargo el texto nos presenta una fusión de tres consciencias simbolizadas por cada Rey Mago que según Alice Bailey (1980), miembro de la sociedad teosófica, cada personaje representa un aspecto de la condición triple del ser humano, Gaspar, que trae el incienso, es símbolo de la naturaleza emocional, Melchor, aporta la mirra y se relaciona con la mente; y Baltasar, el oro símbolo de la naturaleza material,  dicho entrelazamiento genera el resurgir de los que los teosóficos llaman “La consciencia crística” (ídem)  el cual, en el texto se manifiesta como la intervención de un cuarto personaje que hace alusión a él mismo “Cristo resurge, hace la luz del caos/ y tiene la corona de la vida”, es por lo tanto que ese despertar divino genera purificación de la condición humana, al punto de “coronarse”, en otras palabras lo que es llamado Ascensión o  Iluminación. Ahora, es de resaltar que el texto se desarrolla por los parlamentos de los magos, pero nos interesa el primero: “Vengo a decir: La vida es pura y bella”, dicha intervención nos conecta con el poema “Pegaso” en el cual el hablante lírico expresa “Cuando iba yo a montar ese caballo rudo/ y tembloroso dije: la vida es pura y bella”,  podrá pensarse que son dos escenarios diferentes, pero acá Darío usa a Pegaso como símbolo de las emociones, es decir el hablante lírico en “Pegaso” es el cuarto hablante en “Los tres reyes magos” una vez que ha controlado sus emociones y asumido su deidad, en otras palabras es la consciencia crística “Yo soy el caballero de la humana energía,/ yo soy el que presenta su cabeza triunfante/ coronada con el laurel del rey del día”, nótese que reafirma la condición ascensional y poder. Del mismo modo se evidencia el enunciado “Yo soy”, término utilizado por los teosófico y otras corrientes metafísicas como mantra equivalente al nombre de Dios, lo cual reafirma el fenómeno místico.

Lo anterior nos lleva al ethos que es menester seguir para purificar el alma, “El alma que entra allí debe ir desnuda/ temblando de deseo y fiebre santa” (Canto de Esperanza) es decir debe adquirir pureza, en el sentido de no hacer componendas con aspectos que no sean divinos, de igual modo en “El soneto de trece verso” reafirma: “El alma que se advierte sencilla y mira claramente la gracia pura de la luz cara a cara/ como el botón de rosa, como la coccinela/ esa es el alma que al fondo del infinito vuela”, en otras palabras resalta la calidad de sencillez en un sentido natural, sin ornamentos intelectuales o complicaciones emocionales, de la misma manera resalta el desarrollo de la fuerza “La virtud está en ser tranquilo y fuerte” (Canto de Esperanza), de la misma manera en “No obstante” reza “Hay, no obstante, que ser fuerte,/ pasar todo precipicio/ y ser vencedor del vicio,/ de la Locura y la Muerte”, es de resaltar que Darío utiliza la invocación (componente utilizado en todo ritual místico) para purificarse o adquirir las cualidades ansiadas, por ejemplo en “Augurios”, invoca fuerza “Dame la fortaleza de sentirme en el lodo humano” así como silencio, paz, música entre otras, que el mismo texto revela. Finalmente, otros aspectos purificadores en el poemario son el agua “bañó el agua castalia el alma mía” (Cantos de Vida y Esperanza), el fuego (relacionada con la idea de arte y luz, expresada anteriormente) “con el fuego interior todo se abrasa:/ se triunfa del rencor y de la muerte” (Yo soy aquel que ayer no más decía). Es de señalar que aunque el amor, la muerte o la mujer no son temas centrales en el libro en cuestión, si funcional, en otras obras Darianas, como agentes restablecedores de una condición divina, por tal motivo no se analizaron en este documento. En conclusión, todo lo anterior nos indica la relación directa entre la concepción pitagórica del “recuerdo celestes” y la prisión corporal presente en Cantos de Vida y Esperanza. A la vez el poeta recurre a diversas vía purificadoras para regresar a su estado natural, especialmente por medio de la música y el arte.

Referencias

Baile, A. (1980). De Belén al calvario: Las iniciaciones de Jesús. Buenos Aires. Editorial     Fund. Lucis.

Conrado, E. L. ( 2000). Los filósofos presocráticos III. Madrid. Editorial Gredos.

García, M. R. (2009). La teoría de la armonía de las esferas en el libro quinto Harmonices          Mundi de Johannes Kepler. Universidad de Salamanca.

Shouré, E. (1889). Les grands initiés esquisse de l´historie secréte des religions. Traducción al español por editorial Upaska, Sociedad teosófica 2003.

Tamburo, C. (1981). Aspectos olvidados del pitagorismo rubendariano. California. California Digital Library. University of California.