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  • Rubén Darío y el origen de la modernidad poética en Hispanoamérica.

    March 7, 2017 en

    Msc. Víctor Ruiz

    UNAN-Managua

    En su  libro Celebración al Modernismo Saúl Yurkievich afirma que  la Vanguardia,  en su afán por  imponer un presente vertiginoso,  impulsado hacia el  futuro, borró  todo  legado  con  el  pasado  inmediato.  Los  vanguardistas  renegaron categóricamente de todas las escuelas anteriores a ellos, “sin vislumbrar, como en tantas  revoluciones,  que  todos  sus  propósitos  y  logros  habían  germinado  poco antes”. En pocas palabras, el crítico argentino confirma  lo que Octavio Paz en Los Hijos de Limo llamó la tradición de la ruptura, ese vaivén  de  fracturas,  interrupciones,  cambios  y  rebeliones  que  se  suceden  de  una  generación  a  otra.  Según  Paz  nuestra  tradición  está  hecha  de  interrupciones  y cada ruptura con ella es un regreso al pasado, es decir, un regreso a la tradición: la tradición de la ruptura

    Hoy por hoy, lo afirmado por Yurkievich es una verdad  ineludible: el Modernismo, al  igual que  los  jóvenes vanguardistas,se  propuso  recobrar  y  restituir  a  la  palabra  su  libertad  para  evocar,  conjurar  y construir  realidades  verbales;  con  la  misma  avidez  con  la  que  irrumpe  esa generación  de  idólatras  de  la  modernidad  que  son  Darío,  Reissig  y  Lugones, también  irrumpe  la generación de Vallejo, Huidobro  y Neruda. Ambos grupos se propusieron  dinamitar  el  lenguaje  para  socavar  y  transgredir  los convencionalismos del mundo factible. Entonces, paradójicamente, la negación de los vanguardistas hispanoamericanos es una afirmación y un regreso a las fuentes de  la modernidad  poética, modernidad  que  tiene  su  origen  en  ese  movimiento iniciado por Rubén Darío.

    El modernismo es el punto en que convergen tanto la tradición romántica como la vanguardista. Entendiendo por tradición romántica a ese movimiento que tiene sus primeras manifestaciones en  la poesía  inglesa y germana, y  llega a su clímax en los  experimentos  poéticos  de Baudelaire, Rimbaud  y Mallarmé. Cosmopolitismo, exotismo  y  locura;  exaltación  de  lo  irracional  y  la  desmesura;  transgresión  y transmutación  del  lenguaje  poético:  la  eterna  dicotomía  entre  prosa  y  verso  se anula, las fronteras entre los géneros se deshacen; son algunos de los elementos románticos que llegan a las vanguardias a través del modernismo. En palabras de Yurkievich,  los modernistas  “van a preparar a  la  joven poesía del siglo el  terreno para el ejercicio expedito de las libertades textuales”

    El modernismo es el primer movimiento poético en Hispanoamérica que constituye una  visión  y  una  estética, antes  de  él,  la  poesía  en  lengua  española  agonizaba entre la exaltación del patetismo y la golosinería verbal; encerrados en sí mismos, los poetas hispanoamericanos de finales del siglo XIX se empeñaban en mantener con  vida  a  un  idioma  que  con  la muerte  de  Bécquer  y  Castro  había  dado  sus últimas señales vida. Le corresponderá entonces al Modernismo,  y sobre  todo a un  poeta: Rubén Darío,  oxigenar,  reanimar  y  rejuvenecer  el  idioma,  flexibilizar  y enriquecer  un  lenguaje.  Darío  y  los  modernistas  serán  los  primeros  en  fijar  el rumbo  de  la  poesía  hispanoamericana  no  hacia  el  viejo  y  desgastado  león español, sino hacia  la nueva cuna de  la cultura occidental: París. Parnasianos  y simbolistas, Leconte de Lisle y Charles Baudelaire, serán los paradigmas poéticos de  los nuevos escritores  latinoamericanos.

    De  los primeros: el arte por el arte,  la pura belleza corporal de la palabra; la despersonalización creadora: el poeta niega la preponderancia de la vida en el arte y, por tanto, las experiencias del autor, los sentimientos  personales,  las  desdichas,  la  cotidianidad,  lo  social  serán  vanos pretextos para poner en  juego un mecanismo  textual que  tenía como único  fin  la elaboración de un artefacto: el poema. Del simbolismo, los modernistas retomarán la  búsqueda  de  la  analogía  universal,  las  correspondencias  entre  el  mundo sensible y el paisaje espiritual del poeta: cada palabra es un símbolo porque evoca una realidad más allá de los sentidos.

    En  efecto,  será  en  la  obra  de  Darío,  nos  recuerda  Jean  Franco,  en  la  que confluirán  todas  las  tendencias  antagónicas  del  modernismo:  desde  el parnasianismo  ortodoxo  del  arte  por  el  arte,  hasta  el  simbolismo  de  una  lírica hermética  y  sugerente;  desde  un  paganismo  que  desacraliza  y  glorifica  los pecados de la carne, hasta una auténtica expresión religiosa; desde una negación al  falso nacionalismo, hasta  la exaltación al ejército de  las naciones argentinas y chilenas; serán estas contradicciones, esta afirmación y negación de una realidad compleja y cambiante, las que darán a la poesía de Darío esa fuerza para mutar, mudar  y  cambiar de un estilo a otro.  “Su poesía  refleja  la  inquietud de  su vida”, nos declaraba Jean Franco.

    Cada uno de  sus  libros  reflejará esa  capacidad  de  adoptar, asimilar y transformar las influencias literarias: en Azul…(1888), fusionará lo mejor de la tradición española con el torrente verbal patriótico de Víctor Hugo; en Prosas Profanas  (1896),  simbolismo  y  parnasianismo,  erotismo  y  cristianismo,  Dios  y Luzbel, amalgamados,  derrumbarán  toda  una  tradición  poética  e  impondrán  una nueva  sensibilidad,  confirmando  así  el  papel  fundador  que  Darío  ocupará  en  la poesía modernista; en Cantos de Vida y Esperanza (1905), más viejo y cansado, pero sabio y vigoroso, evocará la voz del demócrata Walt Whitman para llamar a la unión  de  lo  vigores  dispersos  de  Hispanoamérica;  invocará  al  melancólico Francisco de Quevedo en sus poemas nocturnos y escatológicos. Contagio textual por  imitación,  pero  también  innovación,  afán  por  renovar  y  reinventar  nuevas formas  de  expresión,  nuevos  ritmos,  nuevas  imágenes.  La  poesía  de Darío  nos permitirá vislumbrar más allá de nuestras  fronteras, su poesía  reflejará  la sed de espacio y las ansias por conocer y conquistar otros territorios.

    Como  vemos,  ese  afán  renovador,  esa  aventura  textual  suicida  de  los vanguardistas  hispanoamericanos  tiene  su  punto  de  partida  en  el Modernismo. Verso  libre,  prosa  poética,  metáforas  insólitas  serán  recursos  que  también  los poetas modernistas utilizarán en sus composiciones verbales. Sin el modernismo, la  poesía  en  lengua  española  jamás  hubiera  alcanzado  esa  libertad  con  la  que Huidobro exalta el poder creativo de  la palabra. Así,  todo estudio sobre un poeta hispanoamericano,  y  sobre  todo un  poeta  representativo de  una Generación  tan importante  en  Nicaragua  y  Latinoamérica  como  es  la  del  40,  debe obligatoriamente comprender una referencia al modernismo y su fundador, Rubén Darío.

     
     
 
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